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Alarmas por la posible recesión en Argentina ante caída de la actividad económica

La economía argentina refleja nuevos signos de alerta tras la caída del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) y un retroceso del PBI. Diversas proyecciones apuntan a una posible recesión, resaltando la debilidad de la producción, el consumo y el empleo.

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Alarmas por la posible recesión en Argentina ante caída de la actividad económica

En julio de 2026, la economía argentina dio una nueva señal de alarma con una caída del 2,9% en el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) en comparación con junio, además de un descenso del 1,4% interanual. Este dato se suma a la reciente contracción del Producto Interno Bruto (PBI) del país, que se redujo en un 0,6% durante el segundo trimestre del año frente al primero, aunque todavía se sitúa un 2% por encima del mismo período del año pasado.

Expertos han comenzado a especular sobre la proximidad de una recesión, con un informe del Índice Líder de la Universidad Torcuato Di Tella resaltando una probabilidad del 82% de que el país entre en una fase recesiva en los próximos seis meses. Para ser catalogada como recesión, la economía debería experimentar varios trimestres consecutivos de disminución en el PIB. La última recesión en el país ocurrió entre fines de 2023 y principios de 2024, cuando tres trimestres de actividad negativa precedieron a una recuperación que, lamentablemente, comenzó a desvanecerse durante 2026.

Las cifras recientes son preocupantes, particularmente en el sector industrial. La producción manufacturera cayó un 5% interanual en julio, al tiempo que la utilización de la capacidad instalada se redujo al 58,2%. Hubo sectores como la metalmecánica y la industria automotriz que operaron muy por debajo de su potencial, destacando la baja capacidad de producción en el rubro textil. En contraposición, el sector de refinación de petróleo se destacó con una capacidad utilizada del 89,9%.

El consumo también muestra signos de debilitamiento. Según datos de Scentia, las ventas de productos de consumo masivo descendieron un 0,7% mensual y un 1,5% interanual en agosto, acumulando una reducción del 2,7% en los primeros ocho meses del año. Adicionalmente, el consumo en supermercados ha retrocedido en un 2,1% interanual en julio y un 2,7% en lo que va del año, reflejando una disminución en el poder adquisitivo de los hogares.

La restricción del ingreso familiar es un factor relevante para entender esta situación. Aunque las remuneraciones crecieron 28,8% en el último año, no superaron la inflación de 33,8%, afectando el poder de compra de los trabajadores.

El panorama laboral también es desfavorable, con un desempleo de 7,9% en el segundo trimestre y una morosidad de los hogares del 12,9% en julio. Estos indicadores limitan aún más el consumo y crean un círculo vicioso que podría llevar a una recesión prolongada si no se implementan medidas efectivas para estimular la economía.

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