Alerta roja por lluvias intensas en la cordillera de Neuquén
El Servicio Meteorológico Nacional emitió una alerta roja por lluvias en la cordillera de Neuquén, con acumulaciones que podrían superar los 150 mm. Este fenómeno, aunque representa una oportunidad para la recarga hídrica, también plantea desafíos logísticos y ambientales para los productores en época de parición.

La cordillera de Neuquén ha sido declarada en alerta roja por el Servicio Meteorológico Nacional debido a pronósticos que anticipan precipitaciones entre 80 y 150 mm. Esta condición afecta especialmente a localidades como Huiliches, Lácar, Aluminé y Los Lagos, donde además se ha anunciado viento intenso, con ráfagas de hasta 90 km/h. Si bien las lluvias son vistas como un recurso vital para la actividad agrícola, su magnitud podría generar serios inconvenientes en la infraestructura rural.
Cecilia de Larminat, presidenta de la Sociedad Rural de Neuquén, destacó que la situación presenta una dualidad para el sector productivo. La región, que históricamente ha sufrido por la falta de agua, puede beneficiarse de la recarga de reservas hídricas; sin embargo, la intensidad de las lluvias proyectadas podría causar graves problemas. Cuando se presenta un evento de lluvias fuertes en un corto período, el ecosistema local enfrenta dificultades para absorber el agua adecuadamente, lo que puede llevar a la erosión y otros efectos adversos.
Uno de los principales riesgos es la degradación de los suelos, especialmente en áreas donde el pastoreo excesivo ha dejado la tierra expuesta. La erosión hídrica puede arrastrar la capa fértil del suelo, reduciendo así su capacidad productiva. De Larminat advirtió también que la formación de cárcavas y zanjas profundas no solo inutiliza los campos, sino que puede complicar el acceso a los productores, eliminando la posibilidad de trasladar materias primas y ganado.
Otro factor crítico en esta situación es el fenómeno de la lluvia sobre nieve. Este tipo de precipitación puede provocar un deshielo abrupto, inundando zonas y saturando rápidamente el suelo, lo que conlleva un incremento del caudal de los ríos y arroyos.
Particularmente preocupante es el impacto que este clima adverso puede tener en la parición de animales, ya que septiembre y octubre son meses clave para esta actividad. La vulnerabilidad de los recién nacidos frente a condiciones climáticas desafiantes, como lluvias, viento y frío, puede resultar en un índice de mortalidad elevado si no se toman las precauciones necesarias.
El sector ganadero se encuentra por lo tanto ante un periodo crucial, donde deben balancear las ventajas hídricas que estas lluvias pueden aportar contra los riesgos a los que se enfrentan en términos de infraestructura y bienestar animal. Los productores deberán estar preparados para enfrentar los desafíos que se avecinan y gestionar adecuadamente sus recursos.