Argentina se adapta a la tendencia de extender la vida útil de las notebooks
El ciclo de vida de las notebooks en Argentina se está ampliando notablemente, con un promedio de cinco a seis años, impulsado por motivos económicos. La calidad de construcción y la capacidad de reparación se están volviendo tan importantes como las especificaciones técnicas para los usuarios.

Históricamente, las notebooks se reemplazaban cada dos o tres años, pero esa tendencia ha comenzado a cambiar en diversas regiones, incluyendo Argentina. Actualmente, los usuarios optan por conservar sus dispositivos durante períodos más prolongados debido a razones económicas y, en algunos lugares, por el impacto ambiental. En el Reino Unido, por ejemplo, el promedio de reemplazo de una notebook se sitúa entre cuatro y cinco años, alcanzando incluso seis años entre estudiantes y usuarios menos exigentes.
En Argentina, se estima que la vida útil de una notebook es de entre cinco y seis años, con equipos dedicados al uso hogareño que pueden llegar a durar hasta ocho años. Sin embargo, a diferencia de los mercados europeos y estadounidenses, donde la conciencia ambiental juega un papel importante, en Argentina el principal motivo para prolongar la vida de los dispositivos es el elevado costo de adquirir nuevos equipos. Esta situación impulsa a los consumidores a valorar más la calidad y durabilidad de sus dispositivos.
A medida que se extiende el tiempo de uso de las notebooks, los usuarios comienzan a adoptar un enfoque diferente al momento de elegir un equipo. La resistencia de los materiales, la calidad de fabricación, la capacidad de refrigeración y la facilidad para reparar o reponer componentes son ahora características altamente valoradas, al igual que la potencia del procesador o la capacidad de memoria.
Este cambio en las prioridades de los consumidores también está afectando la forma en que los fabricantes desarrollan sus productos. Según información del World Business Council for Sustainable Development, alrededor del 80% de los impactos ambientales de un producto se determinan en la fase de diseño. Por ello, la creación de equipos que puedan tener una vida útil prolongada se convierte en una estrategia crucial para reducir dichos impactos.
En este contexto, empresas como ASUS están innovando en el diseño de sus productos. Por ejemplo, están utilizando un material denominado Ceraluminum, que combina la ligereza del aluminio con la resistencia de la cerámica. Este proceso de fabricación modifica la superficie metálica utilizando electricidad y fórmulas minerales, logrando así equipos más robustos y sostenibles.
La revolución en la elección de dispositivos también impulsa un cambio cultural hacia la responsabilidad en el consumo tecnológico en el país, donde la inversión a largo plazo en tecnología puede verse como una alternativa tanto económica como ambientalmente viable.