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Aumento de obesidad infantil: nuevas directrices de la OMS

La obesidad entre niños y adolescentes ha aumentado considerablemente desde 1990. La OMS publica nuevas directrices enfocadas en el manejo de esta condición en la infancia.

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Aumento de obesidad infantil: nuevas directrices de la OMS

La prevalencia de la obesidad infantil y juvenil ha crecido alarmantemente desde 1990, pasando del 2% al 8% en el grupo etario de 5 a 19 años. Actualmente, se estima que alrededor de 170 millones de menores viven con esta condición, con 70 millones de ellos entre los 5 y 9 años, y 100 millones entre los 10 y 19, según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Este incremento no solo representa un desafío de salud física, sino que también acarrea consecuencias sociales y emocionales negativas para los afectados.

Ante esta situación, la OMS ha publicado recientemente sus primeras directrices mundiales sobre el manejo de la obesidad en la infancia y adolescencia. Estas pautas subrayan que la obesidad no solo se vincula a problemas físicos, como diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares, sino también a dificultades psicológicas, como el estigma y la discriminación, que impactan la autoestima y la calidad de vida de los jóvenes.

Las nuevas recomendaciones establecen que, para los menores de 10 años, los tratamientos farmacológicos no son recomendados, dado que existe escasa evidencia sobre su eficacia y preocupaciones relacionadas con el crecimiento y desarrollo en esta población. La revisión científica detrás de estas directrices no halló suficientes estudios sobre medicamentos en menores de seis años. Para los adolescentes, se puede considerar el uso de medicamentos solo cuando un programa de tratamiento supervisado no haya dado resultados satisfactorios, aunque algunos tratamientos aún requieren más investigación sobre sus efectos a largo plazo.

Luz María De Regil, directora del Departamento de Nutrición y Seguridad Alimentaria de la OMS, enfatizó que la base del tratamiento de la obesidad deben ser enfoques integrales que prioricen la alimentación saludable, la actividad física y transformaciones sostenibles en el comportamiento. En este contexto, se desaconsejan tanto la cirugía bariátrica como el uso de dispositivos para controlar peso en menores de 10 años, aunque podrían ser considerados en adolescentes en casos de obesidad severa bajo condiciones estrictas.

Las recomendaciones subrayan la importancia de un abordaje personalizado que contemple la salud, la edad y el contexto cultural de los jóvenes y sus familias. El objetivo principal no debería limitarse solo a la reducción de peso, sino a mejorar la salud, el funcionamiento diario y el bienestar a largo plazo de los niños y adolescentes.

En términos de alimentación, se aconsejan planes estructurados, diseñados y supervisados por profesionales en nutrición, que respeten las preferencias alimentarias de cada niño y los recursos disponibles en su entorno. Este enfoque responde a la necesidad de tratar la obesidad desde una perspectiva holística, considerando todos los factores que influyen en la salud del niño y su contexto vital.

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