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Baja inserción laboral de egresados del Instituto Vaca Muerta genera preocupación

Un alarmante informe indica que solo el 3% de los egresados del Instituto Vaca Muerta ha conseguido empleo en la industria petrolera. La cifra despierta un debate sobre la formación y la actividad en el sector, con profesionales destacando que el problema radica en la falta de actividad operativa.

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Baja inserción laboral de egresados del Instituto Vaca Muerta genera preocupación

En un reciente encuentro de la AOG Patagonia 2026, el presidente de YPF, Horacio Marín, expresó su preocupación por la baja tasa de empleo de los egresados del Instituto Vaca Muerta (IVM), que solo alcanzó al 3% de los 500 jóvenes formados. Esta cifra, que se traduce en únicamente 15 egresados con trabajo en la industria, plantea un desafío tanto para las empresas como para el instituto, inaugurado en marzo de 2026 con el objetivo de certificar a 15.000 operarios en cinco años.

Marín hizo un llamado a las compañías del sector para priorizar la incorporación de estos jóvenes, advirtiendo que la falta de empleo podría poner en riesgo la continuidad del instituto. Sin embargo, otros analistas, como el consultor Roberto Lino Blanco, sugieren que la solución no se encuentra en la calidad de la formación, sino en la limitada actividad de la cuenca de Vaca Muerta, que aún no opera a su capacidad máxima.

Un aspecto crucial que se destaca es la discrepancia entre el número de etapas de fractura realizadas y los equipos disponibles. En lo que va del año, se llevaron a cabo 21.625 etapas de fractura, casi el 90% de lo logrado durante todo 2025. Sin embargo, hay cuatro de los 15 sets de fractura paralizados. Esto se debe a que, aunque hay pozos, aún no se cuenta con la infraestructura necesaria para transportar la producción, como el oleoducto VMOS, que se espera comience a operar en enero de 2027.

Las empresas de servicios, con capacidad ociosa, se muestran reacias a formar nuevas cuadrillas, lo que limita las oportunidades para los recién graduados. Durante su primer empleo, los egresados suelen ser asignados a equipos que están por activarse, generalmente ocupados por personal experimentado de otras contratistas que rotan entre proyectos.

El costo de contratación también es un factor relevante. Un operador de fractura puede tener un salario bruto mensual que oscila entre 7 y 9,8 millones de pesos, un monto que muchos proyectos prefieren evitar ante la incertidumbre del futuro operativo.

Existe, además, una dinámica de movimiento geográfico en la actividad petrolera; el Hub Central en torno a Añelo ha concentrado el 52% de las fases de fractura en lo que va del año, mientras que el Sur y el Norte acumulan el 24% y el 22%, respectivamente. Esta redistribución también repercute en la demanda de mano de obra.

Para abordar esta problemática, Lino Blanco recomienda a las empresas mejorar la planificación en la contratación, publicando con antelación sus necesidades de personal y estableciendo mesas de trabajo con proveedores. Una visualización clara del potencial de empleo podría facilitar la inclusión laboral de los egresados, fomentando un ecosistema más accesible y dinámico en la industria.

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