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Bolivia podría importar gas de Vaca Muerta desde 2031, según un informe

Un estudio de Alpes Energy sugiere que Bolivia podría iniciar importaciones de gas de Vaca Muerta desde 2031 debido al declive de su producción interna. Esto marca un cambio significativo en la dinámica energética entre Argentina y Bolivia.

Por Lautaro Acuña Heier4 min de lectura
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Bolivia podría importar gas de Vaca Muerta desde 2031, según un informe

Un reciente informe elaborado por Alpes Energy estima que Bolivia empezaría a importar gas de Vaca Muerta hacia 2031, como resultado de la drástica disminución de la producción de gas en su territorio. Esta proyección delinea un posible cambio de rol en la relación energética entre ambos países, que había estado caracterizada durante años por las exportaciones bolivianas a Argentina.

Bolivia, que durante casi dos décadas abasteció a Argentina con gas natural mediante contratos firmes, finalizó esta época en septiembre de 2024. Desde entonces, las operaciones han sido esporádicas, marcadas por la incertidumbre y la falta de un acuerdo sólido para el suministro. La consultora destaca que este cambio refleja un declive notable en la producción de gas en Bolivia, que alcanzó su nivel máximo de 59,6 millones de metros cúbicos por día en 2014, pero ha disminuido a una proyección de aproximadamente 15,3 MMm³/d en 2031.

El informe apunta que la producción boliviana se redujo en un 53% desde 2016, lo que equivale a una caída promedio del 7,3% anual. Esta tendencia contrasta fuertemente con el crecimiento en la Cuenca Neuquina de Argentina, que ha visto un aumento en su producción, pasando de 70,7 MMm³/d en 2016 a un promedio de 110,0 MMm³/d en 2026. Particularmente, el gas no convencional ha cobrado protagonismo, incrementado su producción de 26,4 MMm³/d a 97,7 MMm³/d.

El marcado cambio en la oferta energética de ambos países indica que la relación comercial deberá adaptarse. Aunque el informe no sugiere que la caída de la producción boliviana reemplace automáticamente el mercado, sí evidencia un profundo cambio en la composición de la oferta en la región. De acuerdo a las proyecciones, Bolivia podría enfrentar problemas de abastecimiento, dado que sus necesidades internas apenas sobrepasarían la producción proyectada para 2031.

Este escenario también plantea desafíos para la industria energética en Argentina, ya que, si bien la producción de gas está en aumento, la dependencia de las exportaciones hacia Bolivia podría verse afectada si se llevan a cabo estas importaciones. La situación requiere un monitoreo constante, así como estrategias adecuadas de inversión y desarrollo, tanto en el ámbito boliviano como en el argentino.

De seguir este modelo de cambio, la Cuenca Neuquina podría posicionarse como un nuevo proveedor clave para Bolivia, lo que alteraría los flujos energéticos tradicionales en la región. El impacto de este fenómeno se sentirá más allá de las cifras y llamará a un reexamen de las políticas de energía tanto en Argentina como en Bolivia.

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