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Cierre de dos fábricas textiles deja 120 desempleados en Buenos Aires

Dos plantas textiles del grupo Will Der SA han cerrado de manera definitiva, resultando en la desvinculación de 120 empleados. Las instalaciones, dedicadas a la confección de prendas para marcas importantes, enfrentan la crisis económica y la alta competencia de productos importados.

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Cierre de dos fábricas textiles deja 120 desempleados en Buenos Aires

En un giro inesperado, el grupo Will Der SA anunció el cierre definitivo de dos de sus fábricas en Buenos Aires, afectando a 120 trabajadores. Las plantas, ubicadas en Las Flores y General Pacheco, eran responsables de la confección de prendas deportivas para marcas como Adidas, Puma y Lacoste. Este cierre se da en un contexto de crisis económica y de consumo en el país, que ha llevado a muchas empresas a replantear sus operaciones y reducir personal.

Ambas instalaciones operaban de manera complementaria: en General Pacheco se realizaban los cortes y el estampado de telas, que luego eran enviadas a Las Flores para su confección. La decisión de clausurar estas fábricas fue comunicada sorpresivamente por los dueños a los empleados, generando un clima de tensión y desconsuelo. Este anuncio se produjo tras varios meses de dificultades económicas, donde el aumento de importaciones ha desplazado a la producción nacional.

Marcelo López Imizcoz, el fundador de la empresa, que tenía una trayectoria de más de 35 años en el sector, ahora solo mantendrá operativas las plantas de medias Der Will en Malvinas Argentinas y Rocotex en Catamarca. Según declaraciones de los directivos durante el emotivo encuentro con los trabajadores, la situación se ha vuelto insostenible. Santiago Phelan, exentrenador de Los Pumas y presidente de la firma, mencionó que no pueden prometer el pago total de indemnizaciones debido a la extensa deuda acumulada.

Los trabajadores, que contaban con un empleo estable en la industria textil, se encuentran ahora en la incertidumbre sobre su futuro laboral. La falta de pedidos y reposición de stock por parte de las marcas ha empeorado la situación, con pronósticos de que las actividades no recuperarán su normalidad en el corto plazo. En un ambiente cargado de emotividad, se hizo evidente la difícil realidad del sector y sus trabajadores.

El cierre de estas fábricas se suma a un fenómeno mayor donde las restricciones económicas y los cambios en el contexto político han impactado negativamente en la industria manufacturera del país. La declaración de los directivos sobre su desencanto con el rumbo económico ha resonado entre los operarios, quienes viven la concreta realidad de perder su sustento cotidiano.

El futuro inmediato es incierto, tanto para los empleados afectados como para la industria textil en general. Desde el sector se espera una respuesta gubernamental que pueda aliviar la sombría realidad que enfrentan los trabajadores y las empresas locales, muchas de las cuales se ven al borde de la quiebra. La exigencia de medidas que protejan la producción nacional se vuelve cada vez más urgente en un panorama donde las fábricas están cerrando sus puertas.

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