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Colección de vid del INTA preserva la biodiversidad vitícola en Argentina

La Estación Experimental Agropecuaria Alto Valle del INTA alberga una importante colección de variedades de vid. Este banco vivo no solo busca preservar la biodiversidad, sino también proporciona material genético crucial para la viticultura argentina y el enfrentamiento del cambio climático.

Por Miguel Vergara4 min de lectura
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Colección de vid del INTA preserva la biodiversidad vitícola en Argentina

La Estación Experimental Agropecuaria Alto Valle, perteneciente al INTA, cuenta con una de las colecciones ampelográficas más relevantes del país, que se ha convertido en un recurso esencial para la conservación de la biodiversidad vitícola. Este banco vivo alberga diversas variedades de vid, utilizadas tanto para la elaboración de vinos como para el consumo en fresco, lo que subraya su importancia en el ámbito agrícola y científico.

Establecida a finales de la década de 1970 en el paraje Contralmirante Guerrico, en la Ruta Nacional 22, la colección se ha convertido en un banco de germoplasma que protege diferentes especies, variedades y clones de vid. Estas colecciones son vitales para preservar la diversidad genética en todo el mundo. En comparación, la colección internacional más notable se encuentra en Vassal, Francia, donde se conservan cerca de 8.000 accesiones de viñas provenientes de los países más productores.

El objetivo de estas colecciones va más allá de la simple conservación; buscan prevenir la extinción de variedades de vid que han sido desplazadas por los avances tecnológicos o que se enfrentan a nuevas amenazas, como plagas y desastres naturales. Así, estas colecciones no solo representan un valor patrimonial, sino que también son una fuente crucial de material genético para el desarrollo de nuevas variedades que sean más resistentes a enfermedades y al cambio climático.

Desde su creación, la colección ha sido enriquecida por la inclusión de variedades de estaciones experimentales del INTA y por la recuperación de materiales de antiguas plantaciones en la Norpatagonia. Esta labor fue iniciada por ingenieros agrónomos destacados que han contribuido a su desarrollo y diversificación.

En 1989, el ampelógrafo francés Jean-Michel Boursiquot visitó la Argentina y validó la identidad de muchas de las variedades europeas que se conservan en la colección, además de identificar variedades criollas que surgieron de cruzamientos espontáneos en el país. Este tipo de validación resalta la relevancia de la colección en el contexto vitivinícola nacional e internacional.

La labor del INTA no solo se limita a la conservación de variedades, sino que también busca posicionar a Argentina como un referente en la investigación y desarrollo en el campo vitícola, vital para un país con una fuerte tradición en la producción de vino de calidad. Como próximo paso, se espera intensificar los esfuerzos de investigación que ayuden a enfrentar los desafíos que presenta el cambio climático, garantizando así la sostenibilidad del sector.

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