Cómo reducir la acidez de la salsa de tomate sin azúcar, según chefs
Expertos de la cocina revelan un método para equilibrar la acidez de la salsa de tomate, evitando así el uso de azúcar. La técnica se basa en el sofrito y una cocción lenta, que aportan sabor y complejidad a la preparación, ideal para quienes buscan una opción más saludable.

La salsa de tomate es un componente fundamental en la gastronomía, utilizado en diversas preparaciones como pastas, arroces y guisos. Sin embargo, uno de los inconvenientes más comunes que enfrentan los cocineros es la acidez de los tomates, que puede resultar molesta, especialmente para quienes padecen de reflujo gastroesofágico. Aunque muchos recurren al azúcar para suavizar este sabor, los chefs advierten que hay métodos más efectivos y saludables.
Los tomates contienen ácidos naturales, como el ácido cítrico y el ácido málico, que son responsables de su característico gusto ácido. Esta acidez puede intensificarse cuando se utilizan tomates en conserva o concentrados, que suelen contener un mayor nivel de acidez en comparación con los frescos. Para obtener una salsa más equilibrada y evitar estos sabores tan marcados, se recomienda un enfoque diferente.
Los expertos proponen que el secreto radica en la elaboración de un buen sofrito antes de añadir el tomate. Esto implica cocinar lentamente cebolla, ajo y aceite de oliva para generar un dulzor natural que contrarreste la acidez del tomate. Se sugiere utilizar aproximadamente 150 ml de aceite de oliva virgen extra y tres dientes de ajo, además de una cebolla picada, para unos 300 gramos de tomate.
El primero paso es calentar el aceite a fuego bajo en una sartén amplia, cocinando la cebolla y el ajo hasta que estén dorados y tiernos. Esta etapa es crucial, ya que el sofrito no solo añade dulzura, sino también profundidad al sabor de la salsa. Una vez que este está listo, se puede integrar el tomate triturado o los tomates pelados y troceados, según la preferencia de textura.
A algunos cocineros les gusta añadir un poco de vino blanco al sofrito antes de incorporar el tomate, un paso que también puede enriquecer el sabor final. Luego de evaporar el alcohol, se suma el tomate y se deja cocinar a fuego lento entre 50 a 60 minutos, removiendo de a ratos. Este proceso gradual permite que los sabores se concentren, resultando en una salsa espesa y bien equilibrada.
Por lo tanto, pequeños ajustes en la preparación de la salsa pueden tener un gran impacto en el resultado final. Apostar por métodos como el mencionado no solo mejora la calidad de la salsa de tomate, sino que también ofrece una alternativa más saludable al uso de azúcar, promoviendo una gastronomía más consciente y adaptada a diferentes necesidades dietéticas.