Cómo se identificó a Azul Semeñenko tras su hallazgo en Neuquén
El juicio por el transfemicidio de Azul Semeñenko se centra en la identificación de su cuerpo mediante técnicas avanzadas de Criminalística. La investigación reveló detalles sobre la complejidad del caso y la acusación contra Roberto Daniel Sánchez, presunto autor del crimen.

El caso del transfemicidio de Azul Mia Natasha Semeñenko, cuyo cuerpo fue encontrado en un canal del barrio Valentina Norte Rural de Neuquén, ha tomado un giro crucial en el juicio. La identificación del cuerpo resultó ser un desafío considerable debido al avanzado estado de descomposición y deshidratación, lo que obligó a los expertos a recurrir a métodos más sofisticados que los habituales en la identificación papiloscópica.
Durante la segunda jornada del juicio, se presentaron testimonios de Policía de Neuquén, que participaron en diferentes etapas de la investigación. El principal acusado, Roberto Daniel Sánchez, enfrenta cargos de homicidio triplemente agravado, ya que el crimen fue cometido con ensañamiento y motivado por un odio hacia la identidad de género de la víctima. Según la fiscalía, el homicidio ocurrió el 25 de septiembre de 2025, en la vivienda del acusado, y su cuerpo fue trasladado y descartado en un canal a 14 kilómetros de distancia.
El cuerpo de Semeñenko fue encontrado por una pareja que paseaba por la zona, y llegó a la escena de la investigación gracias a la labor meticulosa del equipo de Criminalística. Patricia Escobar, integrante de esta unidad, explicó en el tribunal que el cuerpo fue localizado a aproximadamente dos metros y medio de la calle, envuelto en lo que aparentaba ser un colchón inflable y atado con alambres. Asimismo, destacó la importancia de la preservación de la escena del crimen durante el operativo de rescate.
Un momento central del juicio fue el testimonio de Estefanía Giménez, licenciada y especialista en papiloscopía. Su intervención fue crucial para establecer la identidad de Semeñenko a partir de fragmentos de piel que todavía conservaban los diseños papilares. La identificación papiloscópica, que consiste en el análisis de los patrones de las huellas dactilares, ha sido fundamental en este caso, ya que permitió a los peritos confirmar la identidad de la víctima en condiciones extremas.
Este caso no solo subraya los desafíos enfrentados por las autoridades en la resolución de crímenes de odio, sino que también pone de manifiesto la relevancia de la tecnología en la investigación criminal. La utilización de métodos avanzados de identificación en una escena del crimen tan compleja marca un precedente significativo en la forma de abordar estos delitos, particularmente los que son motivados por la identidad de género.
El juicio continúa y se espera que se presenten más pruebas y testimonios que ayuden aclarecer los numerosos aspectos de este trágico suceso que ha conmovido a la comunidad de Neuquén.