Condena perpetua para madre y cómplices por el asesinato de Aralí Vivas
La madre de Aralí Vivas, su pareja y un amigo fueron condenados a prisión perpetua por el brutal crimen de la niña de 8 años, que ocurrió en 2024. La investigación reveló que la menor fue víctima de abuso sexual y asesinato antes de que se iniciara un incendio en su vivienda.

El caso de Aralí Vivas, una niña de 8 años de Córdoba, ha alcanzado una resolución judicial tras un juicio en el que se condenó a prisión perpetua a su madre, Rocío Milagros Rauch; a la expareja de ésta, Ezequiel Matías Simeone; y a Cristian Hernán Varela, amigo de Simeone. Los tres fueron considerados responsables de los delitos de abuso sexual y homicidio, que generaron gran conmoción en la sociedad argentina.
El trágico suceso tuvo lugar el 1 de noviembre de 2024, en la ciudad de Brinkmann, donde un incendio en el hogar de Aralí reveló una serie de hechos oscuros. La autopsia demostró que la niña había muerto a causa de un traumatismo de cráneo y presentaba lesiones que indicaban abuso sexual. Los peritos confirmaron que no había monóxido de carbono en los pulmones de la niña, lo que sustentó la hipótesis de que Aralí ya estaba muerta antes de que comenzara el fuego, que aparentemente había sido iniciado para destruir pruebas del crimen.
Los elementos que condujeron a la condena incluyeron el análisis de cámaras de seguridad, que mostraron los movimientos de Simeone y Varela en la casa durante las horas previas al incidente. Durante el juicio en San Francisco, la fiscal Consuelo Aliaga Díaz solicitó la máxima pena para los tres acusados, mientras que las defensas intentaron absolverlos, alegando irregularidades en la recopilación de pruebas.
La decisión del tribunal de condenar a los acusados a prisión perpetua estuvo rodeada de tensión en la sala. Tras conocer el fallo, Rauch lanzó acusaciones contra sus coimputados e incluso se cuestionó a Simeone, recordándole que era padre de otros hijos con ella, en medio de un claro descontrol emocional. Este testimonio impactó a los presentes, reflejando la complejidad emotiva del caso.
La sentencia fue recibida con alivio por la familia de Aralí, quien tenía la esperanza de justicia por la pérdida de su hija. Este hecho de violencia no solo marcó a los allegados, sino que también resonó a nivel social, destacando la necesidad de abordar temas de abuso y violencia infantil con mayor seriedad en la provincia y en el país en general.
El caso de Aralí se convierte en un recordatorio terrible de los abusos que pueden suceder en el núcleo familiar y la importancia de la intervención estatal en casos de riesgo.
La condena de los culpables representa un cierre judicial en un caso que ha dejado profundas huellas en la sociedad cordobesa, enfatizando la urgencia de seguir trabajando en políticas que protejan a los niños y niñas en situación de vulnerabilidad.