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Condena por encubrimiento en el femicidio de Érika Álvarez en Tucumán

La Justicia de Tucumán sentenció a Nicolás Navarro Flores a tres años de prisión por su rol en el encubrimiento del femicidio de Érika Álvarez, cuyo cuerpo fue encontrado en enero de este año.

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Condena por encubrimiento en el femicidio de Érika Álvarez en Tucumán

La Justicia de Tucumán ha emitido una condena de tres años de prisión efectiva a Nicolás Augusto Navarro Flores, de 37 años, hallado culpable de "encubrimiento por favorecimiento personal y real agravado" en el caso del femicidio de Érika Antonella Álvarez. La decisión llegó del juez Bernardo L’Erario Babot en un juicio abreviado tras la aceptación de responsabilidad del acusado. Érika, de 25 años, fue asesinada y su cadáver fue localizado el 7 de enero de 2026 en un basural en Manantial Sur.

La sentencia no solo implica cárcel, sino que también estipula una reparación económica de 100 millones de pesos a la familia de la víctima. Durante la audiencia, la fiscalía enfatizó la brutalidad del crimen y la gravedad de las acciones de Navarro, quien colaboró con el autor del asesinato para ocultar pruebas. Las evidencias presentadas durante el juicio demostraron la colusión entre Navarro y el principal acusado, Felipe Sosa.

El caso ha dejado al descubierto la complejidad del femicidio, ya que Felipe Sosa, exmilitar, aún enfrenta cargos como autor material del crimen. Además, otras personas, como Justina Gordillo, funcionaria pública, y Jorge Orlando Díaz, siguen siendo investigados por encubrir el delito. La condena de Navarro no altera el avance procesal contra estos coimputados.

A través de tecnologías de investigación, las autoridades reconstruyeron los movimientos de Navarro el día del crimen. Se mostró que tras recibir varios llamados de Sosa, éste fue a su domicilio en dos ocasiones y luego regresó para deshacerse de las pruebas materiales relacionadas con Érika, incluyendo ropa y restos humanos. El uso de análisis telefónicos y cámaras de seguridad ha sido esencial para determinar su implicancia.

La fiscalía calificó la conducta de Navarro como un intento deliberado de obstaculizar la investigación penal, un acto que constituye una afrenta a la dignidad humana al deshacerse de los restos de la víctima. La familia de Érika estuvo presente en la audiencia y expresó conformidad con la resolución judicial, aunque el dolor por la pérdida sigue latente.

Érika Antonella Álvarez residía en Yerba Buena y fue vista por última vez el 6 de enero, cuando se dirigió a la casa de Sosa, con quien mantenía una relación ocasional. La autopsia reveló múltiples lesiones, lo que llevó a la detención de Sosa y, posteriormente, de Navarro. Este caso pone de manifiesto la importancia de abordar los femicidios y el encubrimiento en Argentina, un país que enfrenta altas tasas de violencia de género.

La causa sigue abierta y la sociedad permanece atenta al desarrollo de este caso, esperando justicia completa para Érika y su familia.

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