De adolescente a promotor lúdico en el CPB Máximo Abásolo
Mauricio Navarrete recuerda su llegada al Centro de Promoción Barrial (CPB) Máximo Abásolo como un adolescente. Hoy, trabaja allí impulsando el programa Juegotecas Comunitarias, que fomenta el juego y el aprendizaje entre niños de 6 a 12 años.

Mauricio Navarrete es un ejemplo de cómo los espacios comunitarios pueden transformar vidas. Atraído por la posibilidad de jugar con computadoras, llegó al Centro de Promoción Barrial (CPB) Máximo Abásolo durante su adolescencia. En ese entorno, no solo encontró actividades recreativas, sino que también estableció conexiones significativas con otros jóvenes, convirtiéndose en parte activa de la comunidad.
Durante su tiempo en el CPB, Navarrete recibió apoyo y compañía, elementos que le brindaron contención emocional y que lo animaron a superar diversos desafíos, tanto personales como escolares. Tras completar sus estudios, su vinculo con el centro se revitalizó gracias a un programa municipal que le permitió comenzar a trabajar.
Hoy, Navarrete ha vuelto al CPB, esta vez como promotor lúdico en el programa Juegotecas Comunitarias. Esta iniciativa, implementada por la Secretaría de Desarrollo Humano y Familia, busca recuperar el juego como un medio esencial para la socialización y el aprendizaje entre niños y niñas de 6 a 12 años. Al facilitar actividades de juego y recreación, la propuesta también tiene como objetivo contrarrestar el tiempo que los menores pasan frente a dispositivos electrónicos.
Las Juegotecas cuentan con sedes fijas en cuatro centros de promoción barrial y llegan a más de 100 niños y niñas mensualmente. Las actividades son diversas e incluyen juegos de mesa, deportes y manualidades, adaptándose a los intereses y características de los grupos que participan.
José Perrone, director del CPB, subrayó que la propuesta garantiza el acceso al juego y la recreación, así como un fuerte vínculo con las familias de los barrios cercanos. El carácter itinerante del programa permite llevar estas experiencias recreativas a muchas más comunidades, enriqueciendo la interacción social entre los habitantes de la región.
El impacto de este tipo de iniciativas en la infancia de los barrios es significativo, ya que favorecen la cohesión social, mejoran la calidad de vida de los niños y propician un desarrollo integral en un entorno seguro y afectuoso.