Desafíos en la fruticultura: raleo químico efectivo en manzanos del Alto Valle
En el Alto Valle, la fruticultura se enfrenta a nuevos retos por las condiciones climáticas de esta primavera lluviosa. El raleo químico en manzanos se vuelve crucial para asegurar una producción de calidad, y su efectividad queda condicionada por factores como el tamaño del fruto y las condiciones meteorológicas.

El Alto Valle está atravesando un periodo crítico en la fruticultura, en el cual la correcta aplicación de raleadores químicos en manzanos se vuelve esencial. Este proceso, que consiste en la eliminación de frutos en exceso a través de una aplicación foliar, busca alcanzar una carga frutal que garantice no solo una buena cosecha, sino también un adecuado retorno de floración para la próxima temporada.
Aunque se considera que la ventana para realizar el raleo químico es amplia, abarcando desde la caída de pétalos hasta que los frutos alcanzan un diámetro de 16 mm, en la práctica, la efectividad del tratamiento se concentra en un breve periodo de unos 10 días. Según los expertos, para obtener los mejores resultados, es preferible aplicar el raleador cuando los frutos tienen un tamaño entre 8 y 12 mm, ya que más allá de este tamaño, las posibilidades de éxito disminuyen.
El Carbaril ha sido uno de los raleadores más utilizados en la región, aunque ha suscitado preocupaciones por su impacto negativo en los polinizadores. Actualmente, se están evaluando alternativas como el Ácido Naftalen-Acético (ANA), la Benciladenina (6-BA) y la Metamitrona (MM). Cada uno de estos raleadores presenta diferentes niveles de efectividad dependiendo del cultivar de manzano. Por ejemplo, el ANA es más efectivo en variedades como ‘Gala’, mientras que el cultivo ‘Cripps Pink’ podría requerir combinaciones de tratamientos para lograr el raleo deseado.
Adicionalmente, las condiciones meteorológicas juegan un papel crucial en la efectividad del raleo químico. En particular, la presencia continua de lluvias en las últimas semanas dificulta la absorción adecuada de los principios activos necesarios para el tratamiento, lo cual puede afectar severamente los resultados esperados. Por esta razón, es fundamental monitorear las condiciones climáticas y planificar las aplicaciones en los momentos más propicios.
Los productores frutales deben estar atentos a estos detalles para optimizar los tratamientos en sus plantaciones, asegurando así no solo la calidad de la cosecha actual, sino también la salud de los árboles para las temporadas venideras. En un contexto en el que el Alto Valle es un productor clave de frutas en la Argentina, la correcta aplicación de raleo químico se vuelve un desafío del que depende significativamente la producción frutal regional.