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Desarrollo de una huerta agroecológica en la estepa patagónica

En Puesto Blanco, se está llevando a cabo un proyecto agroecológico para diversificar la producción en la estepa patagónica, donde se enfrentan diversos desafíos climáticos y de recursos. Desde 2024, un equipo del INTA investiga alternativas para el cultivo de hortalizas, con el objetivo de reducir la dependencia de abastecimientos externos.

Por Miguel Vergara3 min de lectura
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Desarrollo de una huerta agroecológica en la estepa patagónica

La producción de hortalizas en la estepa patagónica enfrenta condiciones adversas, como heladas prolongadas, altas temperaturas estivales, vientos fuertes y limitaciones en el acceso al agua. Este contexto motivó la implementación de un proyecto agroecológico en Puesto Blanco, que forma parte del Campo Anexo Pilcaniyeu del INTA. Desde 2024, un grupo interdisciplinario busca investigar cómo avanzar en la producción de alimentos frescos y qué prácticas pueden ayudar a diversificar la actividad en los campos ganaderos típicos de la región.

La iniciativa tiene como meta no solo ampliar la oferta local de alimentos, sino también disminuir la dependencia de productos que deben ser trasladados desde centros urbanos lejanos. Los investigadores no ofrecen una solución única, sino que se proponen experimentar y evaluar distintas tecnologías y prácticas en un entorno real, generando información útil para diversas situaciones productivas que puedan enfrentarse en la estepa.

El área seleccionada para la huerta cuenta con condiciones favorables, como protección contra el viento, buena exposición solar, accesibilidad de agua y proximidad a la vivienda de los operarios. Fruto de este trabajo, se han instalado un invernadero, una compostera, bancos de cultivo, canteros con plantas aromáticas y un sistema de riego, buscando maximizar la eficiencia de los cultivos a pesar de las condiciones adversas.

Uno de los retos más importantes del proyecto ha sido desarrollar metodologías para proteger los cultivos de las temperaturas extremas. Para tal fin, se hizo uso de un invernadero diseñado con una cámara lateral inspirada en modelos andinos, que actúa como un mecanismo de amortiguación térmica, acumulando calor durante el día y liberándolo en la noche, además de moderar la temperatura con aire fresco acumulado.

Se emplearon materiales locales como madera y arcilla para la construcción del invernadero, mientras que se incorporaron aislantes como lana de oveja y viruta de madera en el techo. Asimismo, el manejo del suelo incluye bancales profundos y la incorporación de compost y estiércol, aprovechando insumos disponibles en las instalaciones.

A lo largo de los dos años de actividad, se experimentó con rotaciones para diversificar la producción. En el invernadero se cultivaron hortalizas como albahaca, tomate y espinaca, mientras que en los espacios exteriores se sembraron acelga, kale, papas y ajo, entre otros vegetales. Con unas 20 especies cultivadas en cada temporada, esta experiencia se posiciona como un modelo innovador para la producción agroecológica en la Patagonia.

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