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Descubren un nuevo ictiosaurio en la Patagonia, llamado Eternauta patagónica

Un equipo de científicos ha identificado un nuevo género de ictiosaurio en la Patagonia, denominado Eternauta patagónica. Estos reptiles marinos, que habitaron la Tierra hace más de 150 millones de años, presentan características únicas que sugieren un estilo de vida especializado. El descubrimiento se realizó en el contexto de un estudio más amplio sobre la evolución de estos fascinantes animales.

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Descubren un nuevo ictiosaurio en la Patagonia, llamado Eternauta patagónica

Investigadores de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata, en colaboración con el Museo de La Plata, han documentado una nueva especie de ictiosaurio, nombrada Eternauta patagónica. Este reptil marino medía entre cuatro y cinco metros, destacándose especialmente por su cráneo que alcanzaba casi un metro. Su imagen es particularmente intrigante, ya que presenta ojos de grandes dimensiones, aproximadamente 25 cm de diámetro, y una mandíbula adaptada para capturar presas pequeñas y rápidas.

El estudio se centró en la anatomía de esta nueva especie, donde se analizó la estructura de los ojos mediante el examen del anillo esclerótico, que mantenía la forma del globo ocular durante el nado. Los resultados biomecánicos sugieren que Eternauta patagónica contaba con una musculatura mandibular que le permitía abrir y cerrar la boca de manera extremadamente rápida, una adaptación esencial para cazar en su entorno.

Los ictiosaurios, como grupo, estuvieron presentes en los océanos por más de 160 millones de años, desde el Triásico hasta el Cretácico. Aunque no eran dinosaurios, coexistieron con ellos y desarrollaron adaptaciones únicas a su hábitat marino. Con una forma similar a tiburones o delfines, estos reptiles contaban con una cola en forma de media luna y aletas, permitiéndoles una navegación eficaz en el agua.

El ecosistema del que formaba parte E. patagónica no era sencillo; este reptil competía con otros depredadores marinos, como plesiosaurios y cocodrilos, que podían también cazar ictiosaurios. Sin embargo, el estudio sugiere que podría haber desarrollado una estrategia para evitar la competencia, buscando alimento a profundidades donde otros depredadores no accedían fácilmente.

La gran dimensión de sus ojos habría facilitado la identificación de pequeñas presas en entornos oscuros, así como la detección de animales que emplean mecanismos de defensa como la expulsión de tinta, lo que le otorgaba una ventaja en su estrategia de caza. A pesar de su mandíbula especializada, que limitaba su capacidad para atacar presas de gran tamaño, esta adaptación le colocaba en una posición ventajosa para capturar animales más pequeños.

Este hallazgo contribuye significativamente a la comprensión de la evolución y la ecología de los ictiosaurios en la Patagonia y destaca la importancia de los estudios paleontológicos en la región, que ayuda a reconstruir el pasado marino de esta parte del mundo. Se espera que futuros descubrimientos completen aún más el panorama de la fauna que una vez habitó estos mares.

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