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Descubrimiento de vigas quemadas en Jerusalén corrobora la destrucción del Primer Templo

Arqueólogos descubrieron vigas de madera carbonizadas del Primer Templo en Jerusalén, confirmando así la destrucción babilónica del 586 a.C. Este hallazgo, realizado en el estacionamiento Givati, ofrece un nuevo método científico para datar restos de la época con una precisión sin precedentes.

Por Pilar Alvarez4 min de lectura
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Descubrimiento de vigas quemadas en Jerusalén corrobora la destrucción del Primer Templo

Un reciente hallazgo en Jerusalén ha revelado vigas de madera carbonizadas que proporcionan prueba directa de la destrucción babilónica del Primer Templo, ocurrida en el año 586 a.C. Este descubrimiento, realizado por la Universidad de Tel Aviv y la Autoridad de Antigüedades de Israel, tuvo lugar en las excavaciones del aparcamiento Givati, un área significativa dentro de la Ciudad de David y el Parque Nacional de las Murallas.

Las vigas encontradas estaban en un contexto de derrumbe, lo que indica que formaban parte del techo de un patio interior que colapsó y se incendió durante la destrucción del edificio. La directora de la excavación, Efrat Bocher, explicó que después del colapso, el yeso derretido de las paredes cubrió estas maderas, preservándolas en condiciones excepcionales durante aproximadamente 2.600 años.

Este descubrimiento es notable no solo por su contenido, sino también por las técnicas de datación que se pueden aplicar a las vigas. La cantidad de anillos de crecimiento en la madera permitirá a los arqueólogos utilizar métodos de dendrocronología, lo que facilitará una datación con una precisión mucho más exacta que la que se había logrado hasta ahora, reduciendo el margen a cerca de diez años, a diferencia de los cientos que se alcanzaban anteriormente.

Investigadores como Johanna Regev, de la Autoridad de Antigüedades de Israel, resaltaron que la calidad de conservación de los restos es única, lo que abre la puerta a nuevas oportunidades para la investigación y comprensión de este periodo en la historia de Jerusalén. Este nivel de detalle es particularmente valioso para establecer cronologías dentro de un contexto que ha sido difícil de rastrear por su antigüedad.

Además, los arqueólogos sugieren que, tras la destrucción, las ruinas fueron intencionadamente dejadas al descubierto como un recordatorio de lo que había sucedido. Esta práctica se enmarca dentro del concepto de “paisaje de memoria”, que se observa en varias culturas a lo largo de la historia. La decisión de no ocultar los restos y construir sobre ellos es vista como un testimonio de la necesidad humana de recordar y preservar la historia.

El anuncio del hallazgo coincide con Tisha B’Av, una conmemoración significativa en la tradición judía que recuerda la destrucción de ambos templos en Jerusalén. Este hallazgo se erige como una evidencia tangible de los eventos conmemorados en esta fecha, lo que enfatiza su relevancia simbólica y emocional para la comunidad judía.

El Ministro de Patrimonio de Israel, Amichai Eliyahu, declaró que este descubrimiento refuerza la conexión de la ciudad con la memoria nacional y destaca la importancia de los hallazgos arqueológicos en la narrativa del pueblo judío en la región. En un contexto donde algunas narrativas se tratan de negar, el hallazgo se presenta como un testimonio silencioso y poderoso de la historia de Jerusalén.

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