Deshielo en glaciar Tyndall revela más de 90 fósiles de ictiosaurios
El retroceso del glaciar Tyndall ha desenterrado más de 90 esqueletos de ictiosaurios, reptiles marinos que vivieron hace 131 millones de años. Este hallazgo, logrado por un equipo internacional de investigadores, ofrece un nuevo vistazo a la vida marina de la era de los dinosaurios.

El deshielo del glaciar Tyndall, en el extremo sur de Chile, ha dejado al descubierto un importante yacimiento paleontológico que alberga más de 90 esqueletos de ictiosaurios, reptiles marinos que habitaron los océanos hace aproximadamente 131 millones de años. Esta revelación destaca a Tyndall como un sitio clave del Cretácico Temprano, proporcionando información sin precedentes sobre el comportamiento y características de estos animales prehistóricos.
El equipo de investigación, compuesto por especialistas de Argentina, Chile, Alemania y el Reino Unido, ha documentado de manera detallada cómo estos reptiles cazaban, se reproducían y enfrentaban su entorno. Entre los hallazgos notables se encuentra “Fiona”, una hembra preñada que exhibe un feto en su interior, lo que permite entender más sobre la reproducción en estas especies en el contexto marino.
Según Jonatan Kaluza, técnico en paleontología, los ictiosaurios presentan adaptaciones morfológicas únicas para su vida en el agua, incluyendo cuerpos alargados y aerodinámicos, ojos grandes resistentes a la presión, y dientes cónicos adaptados para cazar presas como peces y tortugas. Estas adaptaciones les permitieron alcanzar velocidades de hasta 40 km/h, lo que los sitúa entre los cazadores más eficientes de su época.
La historia del descubrimiento de estos fósiles inicia en 1997, cuando guías locales hallaron fragmentos de hueso en el Parque Nacional Torres del Paine, lo que llevó a investigaciones más profundas en la región. En 2003, una expedición de la Universidad de Magallanes verificó el potencial paleontológico del glaciar, encontrando esqueletos que fueron posteriormente estudiados sistemáticamente.
Desde entonces, el sitio ha sido objeto de investigaciones habituales, con contribuciones significativas de diversos científicos, incluyendo a Judith Pardo-Pérez, quien documentó 24 esqueletos entre 2004 y 2006. El trabajo ha facilitado una colaboración internacional que incluye proyectos entre Chile y Alemania, proveyendo un contorno robusto a la paleontología en la Patagonia.
Este descubrimiento no solo tiene relevancia científica, sino que también plantea un desafío sobre la preservación de estos fósiles y su entorno, amenazado por el cambio climático y la actividad humana. Los investigadores esperan continuar sus estudios para desenterrar y preservar más información sobre estas fascinantes criaturas marinas. La preservación de estos recursos paleontológicos será crucial para comprender mejor el pasado de la Tierra en la Patagonia.