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Desigualdad en las economías regionales argentinas entre sectores exportadores y locales

El desarrollo desigual de las economías regionales argentinas se observa entre sectores cuyas actividades están orientadas a la exportación y aquellos que dependen del consumo interno. La situación es especialmente compleja para sectores como la construcción y partes de la agroindustria, que continúan enfrentando ciclos de alta inflación y costos elevados.

Por Mariano Zalazar4 min de lectura
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Desigualdad en las economías regionales argentinas entre sectores exportadores y locales

Argentina presenta una polarización en el desempeño de sus economías regionales. Por un lado, ciertos sectores vinculados a la exportación están experimentando un crecimiento sostenido, mientras que otros, sobre todo aquellos dependientes del consumo doméstico, continúan en crisis. Estudios recientes destacan cómo la agroindustria, la minería y la economía del conocimiento están emergiendo como sectores de oportunidad, impulsados por un entorno internacional favorable y la creciente demanda de productos argentinos.

Según Gerardo Alonso Schwarz, economista del Ieral de Fundación Mediterránea, las diferencias en el desempeño regional se deben a que cada provincia tiene capacidades industriales y tradiciones productivas que influyen en la adaptación a cambios macroeconómicos. Esto sugiere que no todas las economías regionales pueden diversificarse de manera efectiva. Por ejemplo, en aquellas zonas donde existen recursos naturales abundantes, como en la Patagonia con la minería y la energía, se están creando nuevos empleos y se observa una dinámica más activa.

José Vargas, economista de Evaluecon, identifica que la minería —en particular el litio y el cobre—, el sector energético vinculado a Vaca Muerta y la agroindustria orientada a la exportación son motores de crecimiento. En contraste, aquellos sectores que dependen del consumo interno, como la construcción y ciertas pequeñas y medianas empresas (pymes), enfrentan una realidad más compleja. La lenta recuperación del consumo y el alto costo de financiamiento son solo algunos de los obstáculos que limitan su desempeño.

Vargas apunta que si bien hay factores que están impulsando las economías regionales, como una leve desaceleración de la inflación y nuevas oportunidades en el mercado internacional, persisten las dificultades. La alta carga impositiva, los costos logísticos y la apreciación del tipo de cambio son desafíos que afectan la competitividad. Entre estos, los sectores agrícolas tradicionales que enfrentan bajos precios por su producción están especialmente vulnerables, como lo indica el último Semáforo de Economías Regionales de Coninagro.

La producción de yerba mate, vino, y ciertos cultivos están en una situación crítica de rentabilidad, ya que los precios percibidos por los productores quedan por detrás de la inflación y el aumento de costos operativos. Esta tendencia también se observa en regiones patagónicas, donde el sector vitivinícola y la agricultura experimentan altibajos.

Para abordar los desbalances, es fundamental que el país consolide un entorno macroeconómico estable y avance en reformas que mejoren la competitividad. Solo así se podrá potencializar las capacidades de cada región y reducir el marcado contraste entre los distintos sectores económicos del país.

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