El capitán y tripulación del ferry hundido en Guyana son acusados de asesinato
El hundimiento del ferry MV Barima en Guyana resultó en más de 70 muertes, llevando a la policía a acusar de asesinato al capitán y a dos miembros de la tripulación. Se han solicitado explicaciones del gobierno y se ha creado una comisión para investigar el incidente.
El 18 de julio, el ferry estatal MV Barima se hundió en el océano Atlántico mientras realizaba su trayecto entre Georgetown y Port Kaituma, lo que provocó un desastre marítimo en el que murieron más de 70 personas y 30 continúan desaparecidas. La policía de Guyana ha presentado cargos de asesinato contra el capitán Kevin Price y dos miembros de la tripulación, el primer oficial Rondell Dwayne Roberts y el superintendente de carga Delon Granderson, quienes deberán esperar en prisión preventiva hasta una nueva audiencia el próximo 3 de agosto.
El MV Barima, con una antigüedad de 87 años y 179 personas a bordo en el momento del hundimiento, se convirtió en el siniestro marítimo más devastador de la historia de Guyana. Aunque se rescataron a 77 pasajeros, uno de ellos falleció poco después del salvamento. La tragedia ha desatado una ola de críticas y tensiones políticas, con oposición demandando la renuncia de ministros de Obras Públicas, a quienes acusan de negligencia en la operación de ferries y de condiciones de seguridad inadecuadas.
Los familiares de las víctimas y sobrevivientes han exigido respuestas a las autoridades, lo que ha generado un clima de frustración e incertidumbre en las comunidades afectadas. Mientras se llevaran a cabo las labores de rescate, la falta de información y las demoras en la comunicación han intensificado la indignación general.
En respuesta a este trágico suceso, el gobierno de Guyana ha decidido formar una comisión internacional para investigar el accidente, que buscará determinar la magnitud de las fallas y errores que llevaron al hundimiento del ferry. Algunos testimonios de sobrevivientes sugirieron que la nave presentaba filtraciones y que iba sobrecargada de pasajeros y carga, lo que podría haber contribuido al desastre.
Además, la lista de pasajeros no coincidía con la cantidad de personas presentes a bordo, complicando así los esfuerzos de rescate. Informes del gobierno mencionan que el capitán y otros dos tripulantes dieron positivo por consumo de marihuana, aunque la nave había sido certificada como apta para operar. A pesar de las irregularidades, el barco seguía en servicio debido a que el nuevo ferry, adquirido por el gobierno, aún no podía entrar en funcionamiento por retrasos en la construcción del muelle de Port Kaituma, lo que obligó a mantener al MV Barima activo en el transporte fluvial.
Este trágico evento refleja cuestiones más amplias de seguridad y responsabilidad en el transporte marítimo de la región, y subraya la necesidad de investigar y evitar que estas situaciones se repitan en el futuro.