El complot de Barcala para anexar Mendoza y San Juan a Chile
El coronel Lorenzo Barcala fue protagonista de una conspiración en 1835 para anexar Mendoza y San Juan a Chile, que terminó con su fusilamiento. El plan, impulsado por las difíciles condiciones económicas de la región bajo el régimen de Juan Manuel de Rosas, buscaba retorno a un estatus colonial más favorable.

A mediados del siglo XIX, Mendoza y San Juan enfrentaban graves problemas económicos, exacerbados por la falta de seguridad en las rutas y la presión de impuestos forzosos impuestos por el gobierno de Juan Manuel de Rosas. Este contexto empujó a muchos productores de la región a considerar la posibilidad de anexarse a Chile, donde se percibía un clima más propicio para el desarrollo productivo.
El 29 de noviembre de 1813, José de San Martín había asumido como gobernador de Cuyo en un contexto conflictivo, donde la producción vitivinícola y agrícola era vitale para la economía mendocina. Sin embargo, el crecimiento y la prosperidad eran atacados por la inestabilidad política y las invasiones de caudillos, lo que provocó una crisis que algunos líderes locales buscaron resolver huigiendo hacia el país trasandino.
En 1835, varios líderes cuyanos, ante la imposibilidad de continuar soportando las condiciones bajo el régimen rosista, propusieron al ministro chileno Diego Portales un plan para reintegrar Mendoza y San Juan a la Capitanía General de Chile. Este plan preveía incluso el asesinato de José Félix Aldao, un líder local conocido por su papel en la defensa de la región. La propuesta representó una desesperada búsqueda de un alivio económico y político, ofreciendo garantías que el sistema chileno prometía bajo su nuevo orden republicano.
La implícita alusión a una vuelta al pasado, cuando estos territorios pertenecían a Chile, despertó una serie de reacciones en ambos lados de la cordillera. Las convicciones de los conspiradores fueron rápidamente descubiertas, lo que llevó al gobierno argentino a tomar medidas drásticas contra los involucrados en esta conspiración.
Resulta notable que, mientras Mendoza y San Juan trataban de hallar soluciones fuera de sus fronteras, se vivía una profunda crisis en la región. El dominio del rosismo había llevado a la ruina a muchos productores locales, que se vieron obligados a militarizarse para proteger sus bienes de los ataques constantes. Esta situación obligaba a una parte de la sociedad mendocina a mirar hacia el exterior en busca de una salida.
La conspiración de Barcala, sin embargo, culminó desfavorablemente. Fue arrestado y sometido a un juicio expedito que terminó con su fusilamiento. Este suceso no sólo simbolizó la represión del estado argentino ante cualquier intento de desestabilización, sino que también puso en evidencia las tensiones persistentes entre las provincias y el gobierno central en los primeros años de la organización nacional. La historia del coronel Barcala se suma a la vasta narrativa de luchas y aspiraciones que caracterizaron a la región cuyana en el siglo XIX y los anhelos de los sectores productivos que buscaban recuperar la confianza en su futuro.