El consumo de carne de cerdo en Argentina se multiplicó por seis desde los 90
El consumo de carne de cerdo en Argentina se ha sextuplicado desde 1990, pasando de 3 a 18 kilos per cápita al año. Este incremento se debe principalmente a su menor costo y a un cambio en las preferencias de los consumidores.

Desde 1990, el consumo de carne de cerdo en Argentina ha experimentado un notable incremento, pasando de 3 a 18 kilos por habitante al año. Este dato se extrae de un informe del INTA, en el cual se contrasta el consumo de las tres carnes principales de la dieta argentin, evidenciando que, en este mismo período, la carne vacuna ha disminuido su presencia en la mesa, pasando de 52 kilos a entre 48 y 49 kilos, mientras que el consumo de carne aviar se mantiene en niveles similares.
Este fenómeno en el aumento del consumo de cerdo está estrechamente relacionado con la evolución de los precios. Según los investigadores Raúl Franco y Jorge Brunori, el menor costo del cerdo en comparación con la carne bovina ha sido un factor determinante. Además, la creciente cantidad de carnicerías especializadas ha facilitado el acceso a una variedad de cortes. Esta versatilidad culinaria del cerdo, que permite su uso en milanesas, estofados, hamburguesas y asados, ha permitido que más familias lo integren en su dieta.
El informe también destaca una transformación en el hábito de consumo: lo que inicialmente era una opción económica ha pasado a ser una preferencia habitual, especialmente entre los jóvenes. Este cambio en la percepción se traduce en un vínculo más fuerte con la carne de cerdo, que ya no es vista únicamente como una alternativa de emergencia, sino como una opción preferida.
A pesar del crecimiento del consumo en los últimos años, el informe del INTA sugiere que todavía hay margen para un mayor aumento. En países donde el consumo de carne porcina es alto, se estima que oscila entre 25 y 35 kilos per cápita, lo que indica que Argentina aún podría incrementar su consumo de manera significativa.
La creciente demanda de carne de cerdo también está reordenando la cadena productiva. Este sector ha dejado de ser marginal en la industria cárnica, estableciendo frigoríficos y cortes reconocidos en el mercado. Este cambio ha cambiado el panorama donde el cerdo compite de forma más equitativa con la carne vacuna.
El impacto en la economía familiar es notable, ya que los hogares adaptan su consumo a los precios del mercado. Cuando la carne vacuna se vuelve inaccesible por su costo, el cerdo se establece como una opción más asequible, lo que ha llevado a un cambio real en la dieta de los argentinos.
Este contexto de aumento en el consumo de carne de cerdo denota no solo un cambio en los hábitos alimenticios de la población, sino también una reconfiguración del mercado cárnico y una respuesta directa a la dinámica económica del país.