El desafío de aprender con dislexia: un diagnóstico temprano es clave
En el marco del Día Mundial de la Dislexia, expertos abogan por la detección temprana de esta condición. Casos como el de Uriel, diagnosticado con dislexia a los 7 años, evidencian la necesidad de adaptaciones adecuadas en el ámbito educativo.

El 8 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Dislexia, una fecha que resalta la importancia de la detección y el tratamiento adecuado de esta condición neurobiológica que afecta el aprendizaje. La psicopedagoga Mercedes De Lorenzis señala que la dislexia no solo implica dificultades para leer y escribir, sino que se trata de un trastorno que puede acompañar a los individuos durante toda su vida. Para avanzar en la inclusión y el apoyo a las personas disléxicas, es fundamental que se tomen medidas que garanticen una detección temprana y una capacitación adecuada en el sistema educativo.
Un ejemplo significativo es el caso de Uriel, un niño diagnosticado con autismo a los 5 años, quien a los 7 recibió un diagnóstico de dislexia. Sus padres descubrieron la dislexia cuando comenzó la primaria, momento en que presentó dificultades notables para leer y escribir. Este caso, representativo de muchas familias en la actualidad, subraya que el reconocimiento de la dislexia puede ser más complicado que el de otros trastornos debido a su naturaleza menos visible. La pandemia, que obligó a muchos a estudiar desde casa, complicó la identificación de las necesidades educativas específicas de Uriel.
El diagnóstico reveló una dislexia de nivel severo, lo que afecta no solo su rendimiento académico, sino también su capacidad de realizar tareas cotidianas. Carolina Ojeda, su madre, indica que el problema no solo era académico, sino también práctico, afectando su habilidad para seguir un orden en actividades tan simples como vestirse. Esto resalta la necesidad de entender la dislexia no como un obstáculo en la inteligencia o la capacidad, sino como una neurodivergencia que exige un enfoque diferente.
Los padres de Uriel experimentaron un proceso emocional tras el diagnóstico, un duelo que se transforma a medida que se aceptan las características únicas de su hijo. Con el apoyo adecuado de profesionales y ajustes educativos en la escuela, Uriel ha podido avanzar en su aprendizaje. La escuela rionegrina 16 donde asiste le ha brindado adecuaciones en los métodos de enseñanza, particularmente en lectura y escritura, lo que ha permitido mejorar su rendimiento académico.
De Lorenzis enfatiza que para los niños disléxicos, establecer rutinas previsibles es fundamental para su bienestar. Uriel se beneficia de una rutina diaria clara, lo que le permite sentirse seguro y organizado. Sin embargo, cualquier cambio en su esquema habitual debe ser anticipado para ayudarlo a procesar la nueva situación, lo que demuestra la importancia de herramientas y estrategias adaptativas en su educación.
A medida que la concientización sobre la dislexia crece, se vuelve vital que tanto padres como educadores estén preparados para brindar el apoyo que estas personas requieren, garantizando así un camino de aprendizaje más accesible y efectivo para todos los estudiantes.
En conclusión, la dislexia es una condición que afecta a un porcentaje significativo de la población, y su adecuada gestión en el ámbito educativo puede marcar una diferencia en la vida de los niños que la padecen. Para ello, es crucial apostar por una educación inclusiva y con recursos suficientes para atender la diversidad de necesidades.