El fenómeno de El Niño podría alcanzar su máxima intensidad en diciembre de 2026
El Niño sigue intensificándose, y se espera que alcance su punto máximo en diciembre de 2026, convirtiéndose en uno de los más fuertes en 76 años. Este fenómeno podría alterar los patrones climáticos globales, provocando sequías e inundaciones en distintas regiones.

El fenómeno de El Niño continúa fortaleciéndose, y las proyecciones indican que podría alcanzar su máxima intensidad en diciembre de 2026. Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), este episodio sería uno de los más intensos registrados desde que comenzaron las mediciones sistemáticas a mediados del siglo XX, lo que genera preocupación entre especialistas y gobiernos a nivel global.
El calentamiento en el Océano Pacífico ecuatorial, que se espera que tenga un impacto significativo en el clima mundial, ha mostrado incrementos notables en las temperaturas de la superficie del mar. En los últimos meses, la anomalía de temperatura en el Pacífico ha escalado de 1.6 a 2.5 grados por encima de lo normal, y las proyecciones sugieren que podría llegar a 3.7 grados en el trimestre de octubre a diciembre de 2026. Esto superaría el máximo registrado en el fenómeno de 2015-2016, cuando la anomalía alcanzó 2.6 grados en la misma región.
La OMM ha indicado que existe una probabilidad cercana al 100% de que El Niño se mantenga activo hasta febrero de 2027, consolidándose como un evento de gran magnitud. La directora del organismo, Celeste Saulo, subrayó la importancia de las actuales condiciones oceánicas, cuando las temperaturas del Pacífico tropical están particularmente elevadas.
El fenómeno de El Niño provoca alteraciones en la circulación atmosférica, lo que afecta los patrones de lluvias y temperaturas en diversas regiones del planeta. Esto puede traducirse en sequías significativas en algunas áreas y en intensas precipitaciones o inundaciones en otras. El impacto potencial es de especial interés para la Patagonia, donde los cambios en las lluvias pueden influir en la agricultura, la gestión de recursos hídricos y la actividad económica local.
La situación es aún más preocupante por la interconexión de los fenómenos climáticos en un contexto de cambio climático global, que ya ha mostrado efectos amplificados. Muchos sectores, incluyendo la agricultura y el turismo, podrían experimentar variaciones drásticas en función de la intensidad de El Niño y su prolongación en el tiempo.
Los próximos meses serán cruciales para monitorizar la evolución de este fenómeno. Las autoridades meteorológicas y climáticas están atentas a las proyecciones para anticipar medidas que puedan mitigar impactos negativos sobre la población y la economía regional. En este contexto, es fundamental que tanto la comunidad científica como los gobiernos fomenten un enfoque proactivo en la gestión de riesgos climáticos, preparándose ante posibles contratiempos que El Niño pueda generar.