El forraje vuelve a ser clave en los valles de Río Negro ante el crecimiento ganadero
Los valles rionegrinos experimentan un notable crecimiento en la producción de forraje, particularmente alfalfa y maíz, impulsado por la expansión de los engordes a corral. La combinación de condiciones naturales favorables y la inversión externa posicionan a la región como un polo estratégico en la agricultura forrajera.

La cuenca forrajera de Río Negro está viviendo un proceso de transformación que la reposiciona como un importante centro de producción. Históricamente, esta región se destacó por sus condiciones para el cultivo de pasturas, pero en las últimas décadas había sido desplazada por el crecimiento de la agricultura frutal. Sin embargo, el avance del sector ganadero ha impulsado un renovado interés por el cultivo de alfalfa y maíz, convirtiendo a los valles en un espacio clave para la producción forrajera a gran escala.
Un productor de Valle Medio compartió su perspectiva sobre esta dinámica, subrayando que las condiciones climáticas y el acceso al agua son fundamentales para el crecimiento de pasturas. En este sentido, el clima de la región se presenta como propicio para la producción forrajera, permitiendo un aumento significativo en la escala de producción. Este nuevo escenario ha atraído tanto a productores locales que buscan diversificar sus actividades como a inversores de otras provincias, lo cual ha derivado en un notable desarrollo del sector en los últimos años.
Uno de los principales factores del crecimiento del forraje en Río Negro es la expansión de los feedlots, que demandan cantidades crecientes de alimento para el engorde de ganado. Ante la búsqueda de alternativas más intensivas en la ganadería en otras provincias, los establecimientos de engorde han crecido notablemente en la región, lo que a su vez ha generado una mayor necesidad de forraje. Esto ha propiciado avances en la infraestructura de riego y en el suministro eléctrico, lo que se traduce en expectativas de un marcado crecimiento productivo.
El mercado de fardos se muestra muy dinámico, especialmente en este periodo de transición entre el final del invierno y la llegada de la primavera. La colisión entre el agotamiento de las reservas de la temporada anterior y la creciente demanda nutricional del ganado resulta en un importante aumento de precios; actualmente, los fardos de calidad se cotizan entre $7.000 y $7.500. Sin embargo, el stock disponible se encuentra muy ajustado, lo que acentúa la competencia entre los productores por adquirir este recurso escaso.
Con la nueva temporada de producción a la vista, la realización del primer corte de alfalfa está prevista para octubre, lo que representa un alivio para aquellos que necesitan reponer sus reservas de alimento. Este primer corte suele ser crucial, ya que se coloca rápidamente en el mercado para satisfacer la demanda de los establecimientos ganaderos.
Durante este tiempo, la cuenca forrajera de la región se encuentra en un momento de intensa actividad, donde cada día es crítico para los productores que deben hacer frente a los requerimientos nutricionales de su ganado y a la presión de los precios del forraje. Rivales del interior y de otras provincias también comienzan a mirar hacia esta región en busca de abastecimiento, lo que reactiva su importancia en el mapa agroindustrial de la Patagonia.