El Gobierno descarta un piso salarial de $1.000.000 y deja paritarias a gremios
El Gobierno argentino afirmó que no establecerá un piso salarial de $1.000.000, dejando en manos de las partes la negociación paritaria. La CGT criticó esta postura y solicitó mayor libertad en la discusión salarial.

El Gobierno de Argentina decidió no imponer un salario mínimo de $1.000.000, ni hacerlo obligatorio a través de la homologación de los convenios colectivos. Esta determinación se tomó luego de la reunión del Consejo del Salario, en la que no hubo consenso entre las partes, dado que las centrales sindicales, como la CGT y las CTA, se negaron a participar, rechazando la propuesta presentada por los representantes empresariales.
La secretaría de Trabajo sugirió a los actores involucrados explorar la posibilidad de revisar los ingresos más bajos en el marco de la reapertura de las paritarias, pero enfatizó que las decisiones finales dependerán del acuerdo entre trabajadores y empleadores. Actualmente, el salario mínimo se encuentra fijado en $376.600, un monto que se considera insuficiente por los sindicatos, que proponen un ajuste que lo lleve a $993.300 para diciembre.
Las centrales sindicales han dejado claro que el nuevo valor del salario mínimo no debería estar por debajo de $911.202. Por su parte, las cámaras empresariales propusieron incrementar el salario de manera gradual, con un aumento de 1,8% para septiembre y 1,7% adicional por mes desde octubre. Estas ofertas han sido vistas como insuficientes por los sindicatos, resaltando la disparidad entre las expectativas de los trabajadores y lo que están dispuestos a ofrecer los empleadores.
Desde el Ministerio de Capital Humano se indicó que se buscará discutir los salarios más bajos convenio por convenio, reafirmando la idea de que las negociaciones salariales son una cuestión privada entre empleadores y empleados. No obstante, el Ejecutivo ha intentado alejar rumores sobre la creación de un piso salarial obligatorio, lo que ha generado tensiones en la relación entre las partes involucradas.
La crítica por parte de la CGT fue contundente; su cosecretario general, Jorge Sola, calificó la postura del Gobierno como un intento de manipular los procesos de negociación entre privados. Sola subrayó la contradicción en las políticas del actual gobierno que, por un lado, promueven la no intervención estatal y, por otro, parecen inmiscuirse en disputas laborales que deberían ser resueltas por las partes.
Este escenario deja en evidencia la complejidad del contexto laboral en Argentina, donde la inflación y el costo de vida han forzado a los trabajadores a demandar mejoras salariales significativas. Las decisiones que se tomen en las próximas semanas serán cruciales, no solo para definir el salario mínimo, sino también para establecer un precedente en la dinámica de las negociaciones paritarias en el futuro cercano.