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El impacto de la soja en la economía argentina para el segundo semestre de 2026

La venta de soja, que ha estado retrasada, se proyecta como un factor clave para incentivar la economía en el segundo semestre de 2026 y ayudar al BCRA a aumentar reservas.

Por Lucrecia Eterovich4 min de lectura
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El impacto de la soja en la economía argentina para el segundo semestre de 2026

Se estima que la comercialización de soja durante la segunda mitad de 2026 podría tener un efecto significativo en la economía nacional y en las reservas del Banco Central de la República Argentina (BCRA). A pesar del retraso en las ventas hasta ahora, el Gobierno espera que esta actividad genere un repunte económico que inste a los productores a liquidar sus stocks, lo que a su vez podría facilitar la acumulación de divisas por parte del BCRA.

En un análisis de la Fundación Mediterránea, se reveló que hasta el 15 de julio de 2026, los productores han vendido 58,2 millones de toneladas de soja, maíz y trigo. Este volumen supera en un 20% la mediana histórica de las últimas 16 campañas para el mismo período. Mientras que el maíz y el trigo mostraron cifras récord en sus ventas, la soja presenta un panorama más desalentador, con solo 14,6 millones de toneladas comercializadas, marcando un 27% por debajo de su mediana.

La situación se torna aún más complicada al observar los porcentajes de venta respecto a la producción total. El maíz ha comercializado el 38% de su cosecha y el trigo el 65%, mientras que la soja solo alcanza el 29,4%. Este dato indica no solo un bajo avance en la liquidación, sino que es también el segundo porcentaje más bajo desde 2010, lo cual plantea interrogantes sobre las decisiones de los productores.

Entre las razones que explican este menor ritmo de ventas, se destacan la capacidad financiera de los productores para posponer la liquidación, así como el atractivo de las perspectivas de precios. Los productores han tenido que hacer frente a deudas y gastos en insumos, utilizando las ventas de maíz y trigo para satisfacer sus necesidades económicas, lo que ha reducido su necesidad de vender soja en el corto plazo. Además, el esquema tributario sobre la soja es más elevado, lo que ha llevado a muchos a esperar una baja en las retenciones previstas.

La aseguró reducción gradual de las retenciones en los próximos años, un cronograma que promete disminuir el impuesto actual del 24% al 15% en 2028, añade una variable interesante en la toma de decisiones de los productores. En julio, el precio FOB de la soja se situó en USD 470 la tonelada y se espera que alcance USD 488 para diciembre, lo que sugiere una moderada tendencia al alza en los precios que podría hacer que los productores opten por esperar antes de vender.

A pesar de las deficiencias en la comercialización de soja, la Fundación Mediterránea considera que este comportamiento no debe ser visto como resistencia, sino como una estrategia predeterminada, en la cual los productores sopesan múltiple factores como costos de almacenamiento, necesidades de caja y expectativas de cambios tributarios. El resultado será crucial para determinar si el crecimiento económico que anhela el Gobierno se materializa en la segunda mitad del año.

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