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El joven Joaquín toma las riendas de la chacra familiar frutal en Río Negro

Joaquín Gómez, a sus 24 años, dirige 40 hectáreas de cultivo frutal en General Roca, tras asumir el mando debido a una urgencia familiar. Luego de dos años, busca consolidar el proyecto mejorando y expandiendo la chacra.

Por Alan Agustini3 min de lectura
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El joven Joaquín toma las riendas de la chacra familiar frutal en Río Negro

A los 24 años, Joaquín Gómez ha tomado el control de una explotación frutal en General Roca, Río Negro, que abarca 40 hectáreas, 30 propias y 10 alquiladas. Su llegada al mando fue inesperada, ya que a sus 22 años tuvo que dejar su trabajo en una empresa de insumos para fruticultura debido a una emergencia familiar. La situación se tornó crítica cuando su padre, Gustavo Gómez, sufrió una cirugía cardíaca que lo dejó en coma durante semanas, justo antes del inicio de la cosecha, lo que precipitaría el cambio de mando.

La historia de la chacra de los Gómez se remonta a más de un siglo, comenzando con su bisabuelo que emigró desde España. Originalmente, la explotación agrícola se dedicaba a viñas y hortalizas, pero con el tiempo se transformó en un cultivo de peras y manzanas. Gustavo asumió la dirección de la explotación a los 18 años, cuando falleció su padre, continuando con su legado y expandiendo las hectáreas cultivadas.

Joaquín creció rodeado de la producción agrícola; desde muy pequeño estuvo vinculado al trabajo en el campo, manejando tractores desde los seis años. Sin embargo, la responsabilidad de conducir la chacra nunca había estado en sus planes a tan corta edad. A pesar de las dificultades iniciales y del escepticismo familiar, Joaquín decidió encargarse completamente de la producción y las ventas, asegurando que no se arrendaría la tierra.

La primera cosecha que lideró llegó con grandes desafíos, comenzando en diciembre con las ciruelas, seguido por la cosecha de peras en enero y finalizando en abril con las manzanas. Joaquín debió gestionar cuadrillas de hasta 30 personas, trabajando largas jornadas y aprendiendo rápidamente sobre la comercialización de los productos, utilizando la información heredada de su padre. En este proceso, adquirió habilidades que le permitirán no solo mantener, sino también hacer crecer la chacra familiar.

Pese a los imprevistos, Joaquín está comprometido con el cultivo, manifestando que este trabajo es una pasión y no una carga. Ya en su segundo año al mando, su enfoque está en mejorar y expandir la superficie agrícola, consolidando así el legado familiar y asegurando el futuro de la explotación en el competitivo mercado frutal de la región.

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