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El rechazo a los centros de datos de IA define las elecciones intermedias en EE. UU.

El creciente rechazo a los centros de datos de inteligencia artificial en Estados Unidos ha tomado relevancia como un tema central en la agenda electoral de 2026, especialmente evidenciado por un aumento en la participación electoral en localidades donde se han propuesto estos proyectos.

Por Luciana Rivera4 min de lectura
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El rechazo a los centros de datos de IA define las elecciones intermedias en EE. UU.

En marzo de 2026, la comunidad de Festus, Missouri, se movilizó enérgicamente contra la construcción de un centro de datos de inteligencia artificial que representaba una inversión de 6.000 millones de dólares. Este proyecto, que prometía transformar la dinámica de la pequeña ciudad de 13.000 habitantes, generó una reacción contundente, resultando en la destitución de varios concejales en las elecciones subsiguientes. La participación electoral se duplicó, lo que evidencia el impacto que los proyectos tecnológicos tienen en las comunidades locales.

Según una encuesta de Reuters/Ipsos, solo el 14% de los estadounidenses apoya la idea de que se establezcan centros de datos en su localidad. Este índice de aprobación es uno de los más bajos en años, reflejando un cambio drástico en la percepción pública. En 2025, la opinión estaba casi equilibrada, pero en un año, la oposición se incrementó sustancialmente, alcanzando al 71% de la población a principios de 2026. Este cambio ha llevado a candidatos de ambos partidos a centrar sus campañas en este tema, evidenciando su relevancia política.

El fenómeno del rechazo a estos centros no se restringe a un solo grupo ideológico; se ha visto una coalición inesperada formada por republicanos y demócratas, quienes comparten preocupaciones similares respecto a estos proyectos. Por ejemplo, Ryan Wagner, un republicano del estado de Michigan, ha colaborado con un activista ambiental para oponerse a un centro de datos en su comunidad. Según un sondeo de Yale, más del 53% de los republicanos y el 74% de los demócratas se pronuncian en contra de estos desarrollos.

Las preocupaciones que impulsan este rechazo se centran principalmente en el uso intensivo de recursos naturales. Un centro de datos de tamaño medio puede consumir la misma cantidad de agua que 1.000 hogares, lo que eleva inquietudes en un país que enfrenta sequías severas, particularmente en la zona oeste. Además, el consumo eléctrico de estas instalaciones exige un análisis profundo ante el creciente debate sobre sostenibilidad y el costo energético para las comunidades locales.

Proyectos en estados como Utah, donde se está planificando un centro que podría consumir más electricidad que todo el estado, han generado tensiones en las asambleas municipales, llevando a un aumento del descontento entre los ciudadanos. Por su parte, en Virginia, donde se concentra el mayor número de centros de datos del mundo, la aceptación de estos proyectos ha caído drásticamente en un periodo de tres años, indicando una tendencia general de rechazo.

El descontento generalizado con los centros de datos de inteligencia artificial está moldeando la agenda política en Estados Unidos de cara a las elecciones de medio término. La presión de las comunidades afectadas podría llevar a los legisladores a repensar políticas relacionadas con la expansión de la infraestructura tecnológica, priorizando así las necesidades de los ciudadanos sobre los intereses económicos que mueven a estas iniciativas.

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