El valor del intercambio de figuritas en la formación de los jóvenes
Recientemente, el intercambio de figuritas en General Roca se convirtió en un fenómeno social que va más allá del simple juego. Este ritual permite a niños y adolescentes desarrollar habilidades de negociación y comunicación, mientras exploran un espacio comunitario.

En el centro de General Roca, un grupo diverso de personas, incluyendo niños y adultos, se reunió en torno al Monumento a la Manzana para participar en el intercambio de figuritas del mundial de fútbol. Este evento no solo representaba un simple amontonamiento de individuos, sino un ritual social que fomentaba la interacción entre los participantes, quienes realizaban preguntas típicas como “¿Tenés para cambiar?” y “¿Cuál te falta?”. Estas interacciones establecen un ambiente donde se reclutan principios de negociación y colaboración.
Lo destacado de esta actividad es la estructura informal que la rodea. A medida que se intercambian figuritas, se crean códigos y reglas entre los participantes sin necesidad de un manual. Este fenómeno, según el autor Cassany, se relaciona con las “prácticas vernáculas”, que son formas de comunicación y registro que emergen en la vida cotidiana. Algunos jóvenes optan por anotar sus figuritas en cuadernos de manera manual, mientras que otros utilizan aplicaciones digitales. Sin embargo, la experiencia física de escribir y marcar en papeles parece ofrecer un valor adicional que la tecnología no logra replicar.
Las habilidades que se adquieren durante estos intercambios son vastas. Desde la toma de decisiones hasta la regulación emocional, los jóvenes aprenden a manejar la frustración y a construir acuerdos de colaboración con sus pares. La necesidad de socializar para conseguir una figurita obliga a salir de la comodidad del hogar y promueve la interacción directa, que es fundamental para el desarrollo social y emocional.
El autor plantea la idea de que estos intercambios podrían fungir como un puente hacia formas más formales de lectura y escritura. Este concepto de “prácticas rebeldes” significa que los niños están creando su propia forma de aprender a través de la diversión y la espontaneidad, alejadas de las estructuras educativas tradicionales. Se abre un debate interesante sobre cómo estas experiencias informales pueden enriquecer el aprendizaje formal en el aula.
Finalmente, este fenómeno social se manifiesta en una era donde todo tiende a ser inmediato y digital. La paciencia que requiere completar un álbum de figuritas —donde las respuestas no son instantáneas y las relaciones se construyen a través del tiempo— puede ser, en sí misma, una lección valiosa.
Este tipo de actividades promueven no solo el desarrollo de habilidades cruciales para la vida en comunidad, sino que también destacan la importancia de la interacción física en un mundo cada vez más digitalizado. El intercambio de figuritas se transforma así en una oportunidad para aprender y crecer, más allá de lo lúdico.