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Estabilidad en la morosidad del crédito y señales de mejora

La morosidad del crédito al sector privado se mantuvo en 7,7% en agosto, aunque surgen señales que podrían indicar una mejora. A nivel de hogares y empresas, la situación varía: mientras que las familias muestran un leve descenso, las empresas enfrentan un incremento en sus deudas.

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Estabilidad en la morosidad del crédito y señales de mejora

Durante agosto, la morosidad del crédito al sector privado se estabilizó en 7,7%, sin cambios respecto a julio, según un análisis de la Central de Deudores del Banco Central (CENDEU) realizado por la consultora 1816. Este porcentaje se mantiene elevado si se compara con el 1,5% de octubre de 2024, reflejando la difícil situación económica que enfrentan muchas familias y empresas en la región.

En términos específicos, la morosidad de los hogares presentó un ligero descenso, pasando del 12,9% en julio al 12,8% en agosto. Por otro lado, las empresas reportaron un aumento en su morosidad, que subió de 3,6% a 3,8%. En el ámbito de las entidades no financieras, la situación es más preocupante, ya que la morosidad familiar alcanzó un 33,9% en agosto, marcando el vigésimo primer aumento consecutivo, aunque este segmento representa solo un 17% del financiamiento total.

Los datos suministrados son preliminares y se basan en la metodología utilizada por 1816 para prever las cifras que el Banco Central publicará a fines de octubre. A pesar de la estabilidad en la morosidad, la consultora ha identificado dos indicadores que sugieren una posible mejora en los próximos meses.

El primer indicador es el récord de refinanciaciones, que en agosto alcanzó un 3,8% del crédito total a las familias y un 0,8% para empresas. Las deudas refinanciadas sobrepasaron los $2,7 billones, lo que podría contribuir a reducir eventualmente la morosidad, aunque no de manera inmediata. Según la normativa, diferentes plazos deben cumplirse para que una deuda refinanciada deje de clasificar como irregular.

El segundo indicador es el descenso en la deuda con atrasos de hasta 90 días, que en agosto se redujo al 2,7%, marcando el nivel más bajo desde agosto de 2025. Este dato es crucial porque, en períodos previos, niveles altos en esta categoría anticiparon picos en la morosidad, debido a que se integran a los cálculos de irregularidad otros tipos de atrasos severos.

El comportamiento futuro de la morosidad dependerá también del acceso al crédito. Las condiciones económicas actuales amenazan con mantener a muchas familias y empresas en situaciones delicadas, complicando así su capacidad para saldar deudas. La evolución de estos indicadores será clave para entender la dirección de la morosidad en los próximos meses.

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