Hijo de Miguel Rodríguez Orejuela habla sobre la caída del cartel de Cali
En una reciente entrevista, Miguel Andrés Rodríguez Moreno, hijo de Miguel Rodríguez Orejuela, reflexiona sobre su relación con su padre y el impacto de su captura en 1995. La conversación ofrece una mirada íntima del legado del cartel de Cali y la vida de sus familiares tras la caída de la organización narcotraficante.

El 9 de junio de 1995, las autoridades colombianas capturaron a Gilberto Rodríguez Orejuela, líder del cartel de Cali, un acontecimiento que marcó un antes y un después en la historia del narcotráfico en Colombia. Su hermano, Miguel Rodríguez Orejuela, fue detenido poco después, en agosto de ese mismo año. Desde entonces, han pasado más de tres décadas en las que el cartel ha perdido gran parte de su poder, con Miguel Rodríguez Orejuela actualmente en prisión a los 82 años y solicitando clemencia para pasar sus últimos años en Colombia, tras la muerte de su hermano en 2022.
Recientemente, Miguel Andrés Rodríguez Moreno, el hijo mayor de Miguel Rodríguez Orejuela, concedió una entrevista donde compartió su experiencia de crecer bajo el peso del estigma asociado a su apellido. Rodríguez Moreno enfatizó que nunca estuvo involucrado en actividades ilícitas, dedicando su vida a proyectos relacionados con el derecho y la consultoría empresarial. La captura de su padre, recordada por él como un evento que destruyó su infancia, le permitió reencontrarse con él a través de visitas en prisión, revelando una relación más cercana que en los años previos a su detención.
A los 17 años, Miguel Andrés observó la captura de su padre como un alivio personal, temiendo por su vida antes de que fuera capturado. En aquella época, escribió que idealizó a su padre, sin comprender completamente la naturaleza de sus acciones en el mundo del narcotráfico. Esto cambió drásticamente tras la captura, cuando empezó a darse cuenta de la magnitud del daño que su padre había causado a la sociedad colombiana.
Rodríguez Moreno ha declarado que vivió en una "cúpula de cristal" que le impidió ver la realidad hasta su adolescencia, idealizando su entorno familiar y desconociendo el peligro que representaba el narcotráfico. Sin embargo, afirmó que con el tiempo, y a través de las visitas a su padre en prisión, ambos lograron conocerse mejor de lo que lo habían hecho en libertad.
Actualmente, Miguel Rodríguez Orejuela enfrenta problemas de salud asociados con su edad, incluido deterioro en la memoria. Su hijo, Miguel Andrés, confesó que ha intentado visitar a su padre en Estados Unidos, pero ha sido impedido por problemas de visa. A pesar de ello, se mantiene en contacto con él, y reafirma su desvinculación del mundo criminal, sintiendo que lleva una vida alineada con su conciencia y valores personales.
En esta charla, Rodríguez también se abstuvo de profundizar en el auge del cartel de Cali, alegando que su comprensión era limitada cuando era niño. Finalmente, su historia ilustra no solo el legado de una de las figuras más infames del narcotráfico colombiano, sino también el impacto en las vidas de quienes forman parte de su familia, quienes buscan reescribir una historia cargada de controversias.