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Impacto del uso de drones en la fruticultura del Alto Valle

La implementación de drones en la fruticultura del Alto Valle presenta nuevas posibilidades para mejorar la eficiencia en los tratamientos fitosanitarios. Sin embargo, se requiere un marco regulatorio y capacitación de operadores para su correcta utilización.

Por Alan Agustini4 min de lectura
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Impacto del uso de drones en la fruticultura del Alto Valle

La fruticultura del Alto Valle enfrenta importantes desafíos relacionados con el bajo volumen de producción y la aplicación de tratamientos fitosanitarios. La incorporación de drones se presenta como una herramienta innovadora que podría cambiar este panorama. Actualmente, el sector ha registrado un aumento significativo en el uso de estos equipos, con alrededor de 90 drones vendidos en 2023 y una proyección de 4.000 unidades en 2026 en Argentina.

Los drones ofrecen una alternativa para tratar áreas de difícil acceso sin necesidad de maquinaria pesada, permitiendo un uso más eficiente del agua y una mayor versatilidad en las aplicaciones. Sin embargo, su implementación requiere que los operadores estén capacitados y que existan criterios claros de calibración y mantenimiento, además de un marco regulatorio específico que garantice su correcto uso.

Tradicionalmente, la fruticultura en la región utilizaba pulverizadores con volúmenes de aplicación que superaban los 2.000 litros por hectárea. En cambio, actualmente se tiende a utilizar drones que aplican entre 40 y 80 litros por hectárea. Este cambio en el volumen de aplicación implica un aumento significativo en la concentración de ingredientes activos y coadyuvantes en el tanque del dron, lo que plantea nuevos desafíos en cuanto a la preparación y manejo de las mezclas.

Es crucial considerar cómo estas concentraciones afectan la viscosidad y la estabilidad de las formulaciones. Por ejemplo, un producto que es estable en alta dilución podría no comportarse de igual manera al utilizar menos agua, lo que podría llevar a problemas como la formación de espuma o sedimentación. Mantener una mezcla homogénea es vital, especialmente si el drone no cuenta con un sistema de agitación constante.

Además, los cultivos de manzanas, peras y cerezos presentan una estructura tridimensional que complican la aplicación. A diferencia de las pulverizadoras convencionales, que generan un flujo de aire lateral, los drones producen un flujo descendente que debe ser correctamente gestionado. El éxito de la aplicación dependerá de diversos factores, como la altura de vuelo, velocidad y la densidad del follaje.

Por lo tanto, aunque la utilización de drones en la fruticultura del Alto Valle ofrece perspectivas prometedoras, su efectividad dependerá de una implementación cuidadosa y del cumplimiento de regulaciones adecuadas. Se espera que la capacitación y la investigación en este ámbito continúen ampliándose a medida que la tecnología se afiance en el sector agrícola.

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