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Incendio en el pozo Krem-1 de Pemex afecta a comunidades de Veracruz

El pozo Krem-1 de Pemex en Veracruz lleva cuatro meses en llamas, afectando la salud de comunidades cercanas y el medio ambiente. Organizaciones exigen acciones urgentes para mitigar los daños.

Por Diana Morán Reyes5 min de lectura
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Incendio en el pozo Krem-1 de Pemex afecta a comunidades de Veracruz

El pozo exploratorio Krem-1, perteneciente a Petróleos Mexicanos (Pemex), ha estado ardiendo durante más de cuatro meses en el ejido Constitución Mexicana, en Las Choapas, Veracruz. Desde su ignición el 5 de marzo, no ha podido ser controlado, provocando daños severos en la salud de los habitantes y en el entorno natural. Al menos 29 localidades cercanas se encuentran expuestas a gases tóxicos y contaminación, lo que ha llevado a reportes de enfermedades respiratorias y otros malestares entre la población, incluyendo niños y ancianos.

La afectación ambiental es significativa, con un área de 270 hectáreas dañadas, según un informe de CartoCrítica, que incluye 8 hectáreas completamente calcinadas y 120 de vegetación muerta. Imágenes satelitales indican que los efectos del incendio se extienden hasta 1.5 kilómetros del pozo. Además, ha provocado la muerte de ganado y contaminado fuentes de agua, lo que afecta la agricultura y la calidad de vida de los habitantes.

Organizaciones ambientalistas, como CartoCrítica y Greenpeace, han documentado el impacto del incendio y exigen medidas efectivas por parte de las autoridades. Desde el comienzo del incendio, se estima que se han liberado aproximadamente 252 millones de metros cúbicos de gas a la atmósfera, un volumen alto que equivale a un tercio del consumo de gas doméstico en México durante un año. Esto representa una carga ambiental considerable, llevando a proyecciones de emisiones equivalentes a las producidas por 135 mil vehículos al año.

Las críticas hacia Pemex se centran en la falta de información y en los incumplimientos de los plazos para controlar la situación. Aunque la empresa ha prometido trabajar en un nuevo sistema de válvulas y tuberías para apagar el fuego, los avances son escasos y la población sigue esperando un resultado concreto.

La falta de transparencia en la gestión de la crisis ha suscitado preocupaciones sobre los efectos a largo plazo y sobre la falta de mediciones ambientales independientes para evaluar la contaminación resultante. Se ha identificado la presencia de compuestos peligrosos como el benceno y el tolueno, los cuales son nocivos para la salud.

Las organizaciones enfatizan la necesidad de una reparación integral a las comunidades afectadas y piden un cambio en la política energética que priorice la salud de la población y el cuidado del medio ambiente, alejándose de métodos de extracción peligrosos como el fracking, que incrementan el riesgo de desastres similares.

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