Incierto inicio del plan de lucha de la CGT con escasa movilización
La CGT comenzó su nuevo plan de lucha con una manifestación que resultó más simbólica que efectiva, con una escasa participación de dirigentes y afiliados. Se esperaba una movilización más contundente, pero las ausencias y la falta de organización marcaron el debut.

El debut del plan de lucha de la CGT fue considerado un fracaso por la baja participación y la falta de apoyo de sus líderes. Durante la protesta en apoyo a los jubilados frente al Congreso, apenas se vieron representantes de la central sindical y los que asistieron no permanecieron mucho tiempo, lo que generó críticas sobre la efectividad del movimiento.
Se había anticipado que este plan podría asemejarse a las masivas movilizaciones que tuvieron lugar en Francia en 2023, pero la realidad fue una versión diluida, con una promesa de paros que se fue desdibujando a medida que se acercaba la fecha. En la práctica, la movilización en la que colaboraron la CGT y las dos CTA sólo logró reunir un número reducido de manifestantes, lo que contrasta con lo que se esperaba de una muestra de fuerza obrera ante el gobierno de Javier Milei.
En la columna principal, solo asistieron dos de los tres cotitulares de la CGT, lo que provocó críticas internas y un clima de desánimo. Por su parte, los sindicatos más fuertes como Camioneros y la UOM Capital, presentaron contingentaciones de militantes reducidas, con solo 1000 y 400 personas, respectivamente. Estos números revelan una situación de descontento y falta de disposición entre los trabajadores para participar en movilizaciones activas.
Mientras algunos dirigentes de la CGT intentaban justificar esta escasa respuesta alegando que las marchas son absorbidas por la izquierda, la realidad es que la falta de reacción ante la problemática salarial y los aumentos en la inflación empiezan a desgastar la fortaleza de la organización sindical. Muchos trabajadores se muestran preocupados por arriesgar su empleo, lo que dificultaría la consolidación de un paro general que en teoría debería ser contundente.
A pesar de este contexto desalentador, los líderes sindicales buscan establecer un cronograma de protestas que incluirá diversas movilizaciones programadas, como una marcha el 7 de agosto a la Iglesia de San Cayetano y otra ante el Ministerio de Economía. Estas acciones buscan ganar impulso previo a la posibilidad de un paro general, el cual aún se encuentra levemente esbozado en la agenda de la CGT.
Las expectativas del movimiento sindical sobre el diálogo abierto con el gobierno también parecen jugar un rol en esta falta de fuerza en la protesta, ya que algunos dirigentes atribuyen la baja movilización a la reciente apertura de canales de comunicación que permitirían mejorar las condiciones laborales. Sin embargo, el desinterés generalizado y el temor a perder derechos laborales parecen limitar la capacidad de movilización y unidad al interior de la CGT.