Innovaciones tecnológicas en fruticultura para el manejo de plagas
La fruticultura en la Patagonia enfrenta crecientes exigencias del mercado internacional, donde el manejo de plagas se vuelve fundamental. Alberto Formiga, un referente en la materia, destaca el impacto de la tecnología y el cambio en las prácticas agrícolas.

Alberto Formiga, oriundo de General Roca y con amplia trayectoria en el campo de la fruticultura, ha sido testigo del importante cambio en las prácticas productivas de la región. Tras recibir su título en Agronomía en 1973 y trabajar en diversas áreas relacionadas con cultivos, Formiga fundó Kumei Mapu en 1994, empresa que se especializa en la provisión de insumos y el manejo de plagas, adaptándose a las crecientes exigencias del sector.
A lo largo de los años, la fruticultura en la Patagonia ha evolucionado de campos con montes libres a sistemas más densos y complejos. Esta transición ha estado marcada por la necesidad de aumentar los rendimientos y cumplir con los estrictos requerimientos de calidad de los mercados internacionales. Formiga señala que esta transformación no solo beneficiaba a los más capacitados, sino que también dificultó la continuidad de muchos productores que no pudieron adaptarse.
Los cambios en el comercio exterior han impuesto regulaciones más severas en términos de certificaciones y residuos fitosanitarios, lo que exige un manejo más preciso en el control de las plagas. Formiga enfatiza que, a diferencia de antaño, donde un solo producto podía controlar varias plagas, hoy cada uno está diseñado para ser específico en la intervención. Esta mayor precisión es clave para acceder a los mercados más exigentes.
La empresa Kumei Mapu ha estado a la vanguardia en el desarrollo de soluciones, como el uso de feromonas de confusión sexual para controlar plagas como la carpocapsa y la grafolita. Este enfoque no solo ayuda a manejar las plagas de manera efectiva, sino que también contribuye al cumplimiento de las normativas internacionales. Las feromonas representan un avance significativo en la agricultura sostenible, reduciendo la dependencia de productos químicos más agresivos.
Formiga también destaca la importancia de adaptar las técnicas agrícolas a las nuevas tecnologías, lo que permite a los productores optimizar sus cosechas mientras cumplen con las exigencias del mercado. Los especialistas en fruticultura son ahora figuras clave en la aplicación de estas innovaciones, lo que ha generado una nueva generación de profesionales en la Patagonia.
Con el crecimiento de la demanda internacional y la necesidad de sistemas más eficientes y sostenibles, el futuro de la fruticultura en la Patagonia depende de la continua adaptación a los cambios tecnológicos y las demandas del mercado. La capacidad de los productores para integrar estos avances determinará su competitividad a nivel global.