Investigación en Chubut por la muerte de cientos de ballenatos
La muerte de varios cientos de ballenatos en las costas de Chubut ha encendido alarmas y llevó a investigadores a explorar una posible causa bacteriana. Hasta el momento, se han contabilizado cerca de 350 ejemplares muertos, y la situación ha generado importantes preocupaciones entre organizaciones de conservación.

La costa de Chubut enfrenta una alarmante situación tras la aparición de cientos de ballenatos de ballena franca austral muertos, lo que ha llevado a las autoridades a investigar un posible brote bacteriano. Los primeros casos se registraron en junio, pero el aumento notable de muertes se ha producido en las últimas semanas, con focos críticos en Puerto Madryn y Península Valdés.
Las estimaciones preliminares indican que aproximadamente 350 crías han perdido la vida durante esta temporada, aunque este número podría variar a medida que continúen los relevamientos científicos. Esta situación ha suscitado preocupación entre investigadores y organizaciones comprometidas con la conservación marina. Se busca establecer la posible relación entre las muertes y las condiciones ambientales de los golfo patagónicos, así como identificar los factores que están contribuyendo a esta mortandad inusual.
Entre las hipótesis que se están considerando, una se centra en Erysipelothrix rhusiopathiae, una bacteria que puede causar enfermedades en diversos animales. Aunque algunos estudios previos ya habían detectado esta bacteria en ballenatos de la misma población, aún no está claro si su presencia es la causa directa de las muertes. Por eso, los investigadores están trabajando para determinar la conexión entre el hallazgo de la bacteria y los síntomas observados en los cetáceos afectados.
La organización Sin Azul No Hay Verde ha expresado su preocupación por la situación y han enfatizado la necesidad de fortalecer los controles en los ecosistemas donde se lleva a cabo la temporada reproductiva de la especie. Juan Coustet, coordinador de la organización, resaltó que la investigación científica requiere tiempo y evidencia, pero subrayó que eso no debería interferir con la obligación del Estado de monitorear y controlar la situación.
Coustet también cuestionó la cantidad de recursos disponibles para investigar esta mortandad, sobre todo en áreas protegidas que se considerarían refugios seguros para estas y otras especies. La falta de información pública acerca de lo que ocurre en estos ecosistemas ha exacerbado la incertidumbre sobre los factores que pueden estar afectando a la fauna local.
En línea con esto, la organización ha propuesto evaluar si hay factores ambientales que podrían estar favoreciendo la proliferación de microorganismos perjudiciales. La combinación de investigación científica y gestión de recursos es clave para abordar de forma efectiva esta crisis ecológica.