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Investigación por muertes inusuales de ballenatos en Península Valdés

El Instituto de Conservación de Ballenas investiga la muerte de ballenatos en Península Valdés, que podría superar los récords anteriores. Una bacteria es una de las hipótesis analizadas, aunque aún se requiere más investigación para determinar la causa.

Por Pilar Alvarez3 min de lectura
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Investigación por muertes inusuales de ballenatos en Península Valdés

Durante la temporada 2026, el Instituto de Conservación de Ballenas (ICB) ha informado sobre un número alarmantemente alto de muertes de ballenatos de ballena franca austral en las costas de Península Valdés, en la provincia de Chubut. Hasta el momento, se han registrado más muertes de ballenatos que en años anteriores, superando los 113 ejemplares que se documentaron en 2012, el máximo hasta ahora. Sin embargo, la cifra definitiva queda sujeta a estudios en curso.

La Secretaría de Ambiente y Control del Desarrollo Sustentable de Chubut está colaborando con científicos para hacer un seguimiento de los varamientos y determinar las posibles causas de esta situación. Según los primeros análisis, se está evaluando la posibilidad de que una bacteria común en el ambiente marino sea responsable de una infección sistémica en los ballenatos, aunque por ahora no hay evidencias que vinculen las muertes a factores humanos.

Para evaluar el impacto real de estas muertes sobre la población, los investigadores deberán consolidar el recuento de ballenatos muertos y compararlo con el número de nacimientos de la temporada. La ballena franca austral migran a las aguas del Atlántico Sur entre junio y noviembre para reproducirse y criar, y Península Valdés es uno de sus principales hábitats de reproducción. En el primer censo de esta temporada se registraron 1.375 ballenas, entre ellas 409 crías. En cambio, en 2025, la cifra fue de 2.110 ejemplares, con unos 800 crías, lo que plantea interrogantes sobre el estado poblacional actual.

Históricamente, el evento de 2012 fue considerado un acontecimiento trágico y excepcional en la biología de la especie, y los datos preliminares de 2026 sugieren que la situación podría ser aún más grave. Sin embargo, se enfatiza que no se puede hacer una interpretación de manera precipitada, y las fluctuaciones en los censos deben ser analizadas con más profundidad para entender las dinámicas poblacionales y biológicas.

La hipótesis relacionada con la bacteria se encuentra en fase de análisis, y se requerirán estudios adicionales sobre las muestras recolectadas de los ballenatos afectados para confirmar su posible implicación en la mortandad registrada. Este proceso lleva tiempo, y los resultados serán fundamentales para tomar medidas que aseguren la conservación de esta especie en peligro.

La situación se mantiene bajo observación y recalca la importancia de seguir investigando para proteger a la ballena franca austral, que juega un rol crucial en el ecosistema marino de la región, y la necesidad de contar con información precisa para la gestión de la biodiversidad en esta zona clave del Atlántico Sur.

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