Juvenil admite haber matado a hombre en Puerto Madryn y pide perdón
Pablo A. García, de 25 años, asumió su responsabilidad en el homicidio de Marcelo Bruno Medel en Puerto Madryn y pidió perdón a su familia tras el hecho ocurrido en 2024. Durante la audiencia, García admitió que los disparos no estaban dirigidos hacia la víctima.

Pablo A. García, un joven de 25 años, reconoció ante el tribunal su responsabilidad en el homicidio de Marcelo Bruno Medel, un hecho que tuvo lugar el 10 de noviembre de 2024 en Puerto Madryn, específicamente en una plaza del barrio 630 Viviendas. García admitió su culpabilidad durante una audiencia de juicio abreviado, donde expresó su arrepentimiento con un mensaje claro: "Pido perdón, me equivoqué".
El conflicto previo que Gacía tuvo con otra persona, Rafael Aidar Chávez, fue un punto crucial en el desenlace violento. Según García, los disparos —un total de siete realizados con un arma calibre .380— no estaban dirigidos hacia Medel. Sin embargo, uno de los tiros impactó fatalmente en la víctima, causándole un neumotórax masivo que derivó en su muerte.
El momento del ataque ocurrió alrededor de las 16:00 horas, cuando Medel compartía una tarde con Aidar Chávez, disfrutando de comida y bebida en una zona de juegos de la plaza, considerada un espacio familiar. La inesperada llegada de García y el posterior tiroteo generaron una situación alarmante en un lugar donde había otras personas, incluidos niños.
Durante la audiencia, la familia de Medel tuvo la oportunidad de dirigirse a García, y uno de sus miembros eligió hablarle directamente. Este familiar manifestó su deseo de perdonarlo, pero subrayó que la verdadera absolución debería provenir de Dios. La familia, presente en la audiencia, aceptó la resolución alcanzada mediante el juicio abreviado, destacando la relevancia del reconocimiento de culpabilidad por parte de García.
La jueza Marcela Pérez Bogado, quien estuvo a cargo del caso, reconoció la importancia del pedido de perdón para los familiares de la víctima. García fue condenado a una pena de 10 años y 8 meses de prisión sin libertad condicional, un fallo que considera no solo el delito en sí, sino también el contexto en el cual se produjeron los disparos y el impacto emocional en la familia de Medel. La jueza enfatizó que el reconocimiento de responsabilidad podría ayudar a ambos, a García en su proceso y a la familia de Medel en su búsqueda de justicia.
Este caso pone en evidencia la complejidad de los conflictos interpersonales en contextos vulnerables y la violencia generada en espacios públicos, lo que plantea interrogantes sobre la seguridad en comunidades como Puerto Madryn, donde la convivencia pacífica se ve interrumpida por actos de violencia extrema. La resolución también puede aportar a la reflexión sobre la responsabilidad individual y el impacto de las decisiones en las vidas de los demás.