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La Doctrina Monroe se renueva ante la disputa tecnológica entre EE.UU. y China

La rivalidad entre Estados Unidos y China en América Latina ha llevado a una reconfiguración de la influencia en la región, centrada en la tecnología. Mientras Washington reafirma la Doctrina Monroe, Pekín fortalece sus lazos económicos mediante inversiones y tecnología.

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La Doctrina Monroe se renueva ante la disputa tecnológica entre EE.UU. y China

La competencia por la influencia tecnológica entre Estados Unidos y China en América Latina está transformando la política de Washington en la región. Este nuevo enfoque va más allá de la simple restricción militar o territorial, abarcando ahora sectores críticos como telecomunicaciones, centros de datos e inteligencia artificial.

La adaptación de la Doctrina Monroe a este contexto contemporáneo refleja un cambio en las dinámicas de poder. Tradicionalmente, la influencia de una potencia se evaluaba mediante su capacidad para ocupar territorios, pero hoy también se mide por el control de infraestructuras digitales y la capacidad de gestionar información. En este sentido, Washington introduce un “Corolario Trump” en su Estrategia de Seguridad Nacional, reafirmando el deseo de evitar que factores externos controlen activos estratégicos en el continente.

Históricamente, la Doctrina Monroe fue formulada en 1823 por el presidente James Monroe, buscando evitar la intervención de potencias europeas en América. A lo largo del siglo XX, esta lógica se extendió para incluir la contención de la influencia soviética, especialmente en contextos como la Guerra Fría. Sin embargo, la actual situación presenta una nueva faceta con la creciente presencia económica y tecnológica de China, que no necesita recurrir a acciones militares para expandir su influencia.

En los últimos años, China ha establecido vínculos económicos profundos con América Latina a través del comercio y la inversión, siendo ahora el principal destino de las exportaciones de muchos países de la región. En el primer trimestre de 2026, estas se incrementaron un 25% interanual, junto con un crecimiento del 29% en importaciones desde el gigante asiático, de acuerdo con datos del Banco Interamericano de Desarrollo.

Se observa que si bien Estados Unidos sigue siendo un socio comercial vital para la región, China ha logrado establecerse como un actor dominante en el ámbito de la infraestructura y la tecnología. En este contexto, empresas chinas están cada vez más involucradas en sectores de telecomunicaciones, energía y, crucialmente, inteligencia artificial, lo que plantea un desafío directo a la hegemonía estadounidense.

La disputa por la tecnología, que ocurre en un plano menos visible pero crucial, se traducirá en una nueva carrera por el dominio en infraestructura y capacidades digitales, pilares fundamentales de las economías latinoamericanas. Esta transformación marca un cambio significativo en la dinámica de poder, donde la influencia ya no solo se mide por el control territorial, sino también por la gestión de la conectividad y la dependencia tecnológica.

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