La falta de espacios públicos afecta el desarrollo infantil en Panamá
En la ciudad de Panamá, la escasez de espacios públicos está generando un grave problema para la infancia, que sufre de ‘analfabetismo motriz’, una falta de habilidades motoras esenciales.

La ciudad de Panamá enfrenta una crisis significativa en cuanto a espacios públicos destinados al esparcimiento infantil. Según el Plan Estratégico Distrital, la media actual es de solo 1.54 metros cuadrados de espacio público por habitante, muy por debajo del mínimo de 9 metros cuadrados recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS). Esta situación se agrava en sectores densamente poblados como San Francisco, Punta Paitilla y Calle 50, donde se han permitido las construcciones de grandes edificios, contribuyendo a un marcado aumento en la cantidad de rascacielos.
El rápido crecimiento vertical de la ciudad ha tenido un efecto negativo en la infancia, quienes ahora transitan entre edificios, estacionamientos y autos, alejándose del juego al aire libre que históricamente ha sido crucial para su desarrollo. Actividades como correr o trepar, que fomentan habilidades motoras y sociales, se han visto reducidas, dando lugar a lo que algunos especialistas llaman 'analfabetismo motriz'. Este término implica una deficiencia en las habilidades motoras fundamentales, poniendo en riesgo el desarrollo neurológico, emocional y social de los niños.
El médico paidopsiquiatra Luis Acosta señala que muchos niños están reemplazando el movimiento y la interacción con sus pares por el tiempo frente a pantallas. Aunque estas tecnologías pueden ofrecer oportunidades, su uso excesivo se convierte en un factor preocupante, especialmente cuando sustituyen el juego físico y la exploración del entorno. Además, las rutinas estructuradas de los niños limitan su capacidad para realizar tareas cotidianas sin asistencia, lo que podría tener repercusiones en su independencia futura.
Como parte del diseño urbano de la ciudad, la planificación ha priorizado las necesidades de los adultos, dejando a los niños relegados. Las áreas de juego suelen estar limitadas a espacios cerrados dentro de complejos residenciales, lo cual no brinda las mismas oportunidades que los entornos naturales para el juego. Esta falta de contacto con la naturaleza limita las experiencias de desarrollo esenciales que fomenta el juego al aire libre, tal como mencionan expertos en educación.
Las recomendaciones en torno a la actividad física de la OMS y UNICEF son claras: los niños requieren entre 60 a 180 minutos diarios de actividad física, dependiendo de su edad, para mantener un desarrollo saludable. Sin embargo, el uso excesivo de dispositivos digitales se ha correlacionado con un aumento en la obesidad infantil, lo cual alertan desde el Ministerio de Salud del país.
Por último, se ha observado que este acceso limitado al juego al aire libre no solo afecta la salud física, sino que también incide en la salud emocional de los menores. Al depender de dispositivos para calmar sus emociones, los niños pierden valiosas oportunidades de autorregulación emocional, lo que podría derivar en adultos con menor tolerancia a la frustración.