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La historia de devoción de José ‘Sueñito’ Morales y San Cayetano en Comodoro Rivadavia

José ‘Sueñito’ Morales, un devoto de San Cayetano, recuerda la iniciativa vecinal que llevó a la creación de la ermita en Comodoro Rivadavia. Desde su inauguración en 1990, este espacio se convirtió en un punto de encuentro para muchos fieles.

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La historia de devoción de José ‘Sueñito’ Morales y San Cayetano en Comodoro Rivadavia

La relación de José Morales, apodado ‘Sueñito’, con San Cayetano se remonta a más de 51 años, un período en el cual su fe ha sido fundamental en su vida. Su devoción se inició en un momento crítico, cuando enfrentaba el desempleo y pidió ayuda al santo, lo que eventualmente lo llevó a conseguir trabajo. Este lazo espiritual lo motivó a contribuir a un proyecto comunitario en Comodoro Rivadavia que cambiaría la identidad de su barrio.

En 1990, un grupo de vecinos se reunió en la Escuela N° 160 para discutir la transformación del barrio María Auxiliadora, decidiendo renombrarlo San Cayetano. Motivado por su propia historia de fe, Morales propuso la idea de erigir una ermita en la entrada del barrio. Con el apoyo de Raúl Ledesma y otros residentes, este proyecto fue tomando forma.

La inauguración oficial de la ermita tuvo lugar el 7 de agosto de 1990, con la asistencia del padre Corti. Desde entonces, se comenzaron a organizar actividades en honor a San Cayetano, y la convocatoria a las celebraciones fue creciendo con los años. En 1992, se formó la primera comisión de la ermita, con Morales como presidente, quien se dedicó a organizar eventos y recaudar fondos a través de rifas y otras iniciativas comunitarias.

Los momentos más destacados fueron las procesiones, que en su inicio atraían multitudes. Por ejemplo, en 1992, cerca de 7.500 personas se unieron a la celebración, cifra que aumentó a aproximadamente 10.000 en 1994, marcando uno de los puntos más altos de participación en la historia de estas festividades.

Sin embargo, en 1994 la administración de la ermita pasó a ser gestionada por la iglesia, lo que trajo cambios en la dinámica de las celebraciones. Aunque la asistencia a las procesiones ha disminuido con el tiempo, el 7 de agosto sigue siendo una fecha significativa para muchos fieles en la ciudad.

Para Morales, más allá de la construcción de la ermita, el verdadero significado radica en el esfuerzo comunitario y la satisfacción de haber trabajado en un proyecto que une a las personas en torno a la fe. Su experiencia lo ha dejado con un profundo sentido de orgullo y conexión espiritual, reflejando la importancia del compromiso con valores más allá de lo material.

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