La historia de "El Trébol", la primera parrilla libre de Neuquén
"El Trébol", primera parrilla libre de Neuquén, fue un referente gastronómico y sede de encuentros de figuras relevantes. Fundada por Ricardo Blanco, ofreció asados y mollejas a un gran número de comensales hasta su cierre en 1989.

"El Trébol" se destacó como la primera parrilla tradicional de tenedor libre en Neuquén, convirtiéndose en un punto de encuentro significativo en la ciudad desde su apertura. Este emblemático local no solo atraía a los amantes de la buena comida, sino que también fue testigo de un sinfín de visitas de personalidades destacadas de la política y la cultura, incluyendo a Joan Manuel Serrat, Atahualpa Yupanqui y figuras políticas como Felipe Sapag.
Establecido por Ricardo Blanco en el Balneario Municipal, el restaurante era conocido por recibir a más de 150 comensales diarios. Durante los fines de semana, la demanda era tan alta que los asistentes debían hacer largas filas y esperar números para ingresar, lo que reflejaba la popularidad del lugar. Blanco, de 83 años, recuerda con nostalgia esos tiempos dorados, donde se servían platos emblemáticos como el asado banderita y mollejas, que eran cobradas por separado.
Ricardo Blanco llegó a Neuquén en 1963 a los 19 años, buscando un nuevo comienzo. Proveniente de una familia que había vivido de cerca los tumultos políticos de Buenos Aires, donde su padre trabajó en el velorio de Eva Perón, su historia personal se entrelaza con el pasado complejo del país. Tras varios trabajos, se aventuró en el sector gastronómico, donde encontró su verdadera vocación.
Neuquén en la década de los 60 era un lugar en plena transformación. La ciudad, con escasas calles pavimentadas, atendía a una población creciente de trabajadores debido al desarrollo de la región. Los inicios de Blanco en Neuquén no fueron fáciles; se alojó en casas de solteros y fue testigo del intenso movimiento económico que caracterizaba a la Patagonia en esos años.
La trayectoria de "El Trébol" se extendió hasta 1989, año en el cual cerró sus puertas, marcando el final de una era para muchos neuquinos que habían crecido visitando el local. La figura de Ricardo Blanco se ha convertido en un símbolo de la gastronomía local, dejando un legado que muchos aún recuerdan con cariño. El restaurante no solo fue un lugar de buena comida, sino que también fue un espacio donde se forjaron relaciones y se compartieron momentos en una época distinta.
El impacto de "El Trébol" en la cultura local perdura, siendo recordado por generaciones que asocian sus memorias con la calidez y hospitalidad del lugar. El cierre de este icónico negocio dejó un vacío difícil de llenar en el panorama gastronómico neuquino, aunque su huella sigue viva en la memoria colectiva de la ciudad.