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La historia de la Copa del Mundo y su futuro en Suiza

A horas de la final del Mundial, se analiza la historia de la Copa del Mundo y su permanencia en Zurich, independientemente del resultado del partido.

Por Lucrecia Eterovich4 min de lectura
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La historia de la Copa del Mundo y su futuro en Suiza

La final del Mundial 2026, que enfrentará a Argentina y España, no solo representa un momento culminante del fútbol, sino que también brinda la oportunidad de reflexionar sobre la historia y el futuro de la icónica Copa del Mundo. Independientemente de quién se consagre campeón, el trofeo no regresará a ninguno de los países competidores; permanecerá en Zurich, sede de la FIFA.

Desde su creación en 1930 en Uruguay, la Copa del Mundo ha simbolizado no solo los éxitos deportivos, sino también los momentos históricos que marcaron el siglo XX, incluyendo guerras y dictaduras. La narrativa del trofeo incluye capítulos de glorias y adversidades, y ha visto cómo su importancia trasciende la simple victoria en el campo de juego.

A lo largo de las ediciones, la Copa ha tenido dos trofeos oficiales. El primero, la Copa Jules Rimet, fue diseñada en honor al presidente de la FIFA y se convirtió en un símbolo del éxito futbolístico, especialmente para Brasil, que logró retenerlo tras tres campeonatos. Sin embargo, su historia se empañó por el robo ocurrido en 1983, cuando fue sustraída por un grupo de delincuentes en Río de Janeiro y nunca recuperada, dejando a la Confederación Brasileña de Fútbol con una réplica.

La FIFA decidió crear un nuevo trofeo tras el triunfo brasileño en 1970. Así, el escultor Silvio Gazzaniga diseñó la actual Copa del Mundo, que cautiva no solo por su significado deportivo, sino también por su riqueza material y estética. El trofeo, con un peso de 6,17 kilos y elaborado en oro de 18 quilates, es un emblema del fútbol mundial y, como un guiño a la historia, exhibe los nombres de los campeones desde 1974 en su base de malaquita.

La decisión de retener el trofeo original en Suiza se fundamenta en la voluntad de cuidar su legado tras las experiencias vividas con la Jules Rimet. Al campeón le es otorgada una réplica en bronce enchapado en oro, conocida como el “Trofeo del Ganador de la Copa Mundial”, asegurando que la pieza auténtica esté protegida de nuevos robos y mantenga su esencia de arte y triunfo.

Mientras se aguarda el desenlace de la final, la historia de la Copa sigue resonando, recordando que más allá del resultado, su significado perdura como un faro del deporte, la política y la identidad cultural de los países participantes. La Copa del Mundo no es solo un objeto de deseo; es un trofeo que ha cruzado fronteras y épocas, conservando su lugar en la narrativa del fútbol y en la historia global.

Así, el trofeo, que no volverá a los campeones, seguirá siendo un símbolo apreciado y custodiado en Zurich, mientras los aficionados de todo el mundo miran hacia adelante en cada nuevo torneo.

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