La historia del clan Brito del Pino y su legado en la cocina neuquina
Hilario y Carlos Brito del Pino llegaron a Neuquén desde Mar del Plata en 1974, marcando un hito en la gastronomía local con su emblemático restaurante Pastilandia. A lo largo de 27 años, este local se convirtió en un referente para generaciones de neuquinos, ofreciendo una experiencia culinaria excepcional.

En 1974, Hilario Brito del Pino y su hijo Carlos decidieron dejar Mar del Plata atrás y aventurarse hacia Neuquén, guiados por las promesas de un futuro próspero que les hizo su tío Alberto, quien ya vivía en la región. Sin experiencia en Neuquén, padre e hijo llegaron en su Fiat 1500, dispuestos a enfrentar un nuevo desafío: abrir un restaurante que no solo cambiaría su vida, sino que también dejaría una marca indeleble en la historia culinaria de la provincia.
Pastilandia, inaugurado en la calle Félix San Martín, se consolidó rápidamente como un referente gastronómico en la capital neuquina durante 27 años. El local no solo ofrecía una variada y generosa propuesta de platos, sino que también destacaba por su atención al cliente, convirtiéndose en un lugar de encuentro y celebración para numerosas familias. Desde la década del 80, la atmósfera acogedora de Pastilandia hizo que muchos lo consideraran su segunda casa, disfrutando de exquisiteces que combinaban tradición y un trato esmerado.
Carlos, quien apenas tenía 17 años al llegar, ya contaba con una vasta experiencia en el sector, resultado de sus años trabajando en la bulliciosa Mar del Plata. A lo largo de su trayectoria, se había familiarizado con un ritmo intenso de trabajo que lo preparó para desafiar a la nueva vida en el sur. Sus recuerdos evocan los días en que realizaba hasta novecientos cubiertos por jornada en restaurantes de la costa atlántica, donde aprovechaba la temporada alta para maximizar sus ingresos.
El éxito de Pastilandia se debió, en gran parte, a la habilidad culinaria de Hilario, quien traía consigo una rica herencia en la cocina. Su experiencia en restaurantes de primera línea en Mar del Plata le permitieron crear un menú que incluía clásicos como mondongos, pucheros y milanesas gigantes, combinando sabores que capturaron el paladar de los neuquinos. Esa fusión de sabor y atención hizo de cada visita a Pastilandia una experiencia memorable.
Con el tiempo, Carlos se estableció en Neuquén y su idea inicial de permanecer solo unos pocos años se transformó en un arraigo de más de medio siglo. La historia del clan Brito del Pino ilustra cómo un viaje de casi mil kilómetros puede dar lugar a un legado que perdura en el corazón de una comunidad. Hoy, Pastilandia no solo se recuerda como un restaurante, sino como parte fundamental de la identidad gastronómica de Neuquén, reflejando el esfuerzo y la pasión de quienes lo hicieron posible.
En la actualidad, el recuerdo de Pastilandia sigue vivo en la memoria de los neuquinos, simbolizando un capítulo significativo de su historia cultural donde la cocina supo unir generaciones y forjar vínculos a través del placer de compartir una buena mesa.