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La historia del Toro de la Ruta 22 y su censura durante la dictadura

El Toro de la Ruta 22, un icónico cartel de Neuquén creado por la familia Almaraz, fue censurado por la dictadura militar, marcando un capítulo curioso en la historia local.

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La historia del Toro de la Ruta 22 y su censura durante la dictadura

El Toro de la Ruta 22, considerado el primer cartel monumental de Neuquén, se convirtió en un símbolo de la identidad local desde su instalación. Esta escultura, que atraía a turistas y ciudadanos, fue obra de la familia Almaraz, pionera en el sector de la vidriería en la región. Su característica figura se emplazaba en una estratégica ubicación a lo largo de la Ruta 22, funcionando como un punto de referencia para los viajeros que se dirigían hacia el oeste de la provincia.

Durante su época de esplendor, el Toro fue más que solo un cartel; representaba la creatividad y la economía local, evocando un sentido de pertenencia en la comunidad neuquina. Sin embargo, la situación cambió drásticamente con el advenimiento de la dictadura militar en la Argentina en 1976. Durante este período, el régimen censuró diversas manifestaciones culturales, consideradas peligrosas o inapropiadas. En este contexto, el Toro fue objeto de atención negativa, culminando en su capado y en la eliminación de su aspecto original.

Las autoridades militares consideraron que el Toro, con su impronta peculiar, era incompatible con la imagen del país que querían proyectar, marcada por una estética austera y alineada con su ideología. Esta acción no solo significó una alteración física del cartel, sino que también simbolizó la represión cultural que se vivía en el país en esos años, donde hasta los elementos más inocentes podían ser percibidos como una amenaza.

La historia del Toro de la Ruta 22 se ha vuelto emblemática en Neuquén y sirve como recordatorio de las tensiones entre arte, cultura y política en un período oscuro de la historia argentina. Con el tiempo, su pelaje fue restaurado y el cartel volvió a ser un símbolo de la identidad provincial, aunque su pasado se mantiene como un testimonio de la vigilancia y control de ese oscuro periodo autoritario.

Hoy en día, la figura del Toro sigue despertando nostalgia y orgullo entre los neuquinos, quienes recuerdan con cariño su historia y el desafío que representó a la autoritarismo. Su legado perdura en la memoria colectiva, representando tanto la resistencia cultural como la capacidad de la comunidad para recuperar y celebrar su identidad a pesar de las adversidades.

La familia Almaraz, en entrevistas recientes, ha compartido anécdotas sobre la creación del Toro y su relevante puesto en la historia de Neuquén. Este tipo de relatos no solo enriquecen el patrimonio cultural local, sino que también invitan a reflexionar sobre cómo la historia puede ser reinterpretada a través de la memoria y el arte, incluso en momentos de represión.

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