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La inesperada vida de una bailarina del Alto Valle en el Circo Rodas

Luna Coronel, de Cipolletti, transformó su formación como profesora de danza en una carrera protagónica en el Circo Rodas. A sus 22 años, vive en un tráiler y recorre Argentina junto a su nuevo elenco, demostrando que la vida puede sorprender en cualquier momento.

Por Elena Egea3 min de lectura
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La inesperada vida de una bailarina del Alto Valle en el Circo Rodas

Luna Coronel, una joven de 22 años de Cipolletti, tomó un giro inesperado en su vida profesional tras una audición para el Circo Rodas. Aunque estaba a punto de culminar su carrera como profesora de danza contemporánea, decidió postularse como bailarina para el circo sin expectativas de éxito. Sin embargo, su audaz decisión la llevó a integrar el elenco y comenzar una gira por todo el país, desafiando sus propias limitaciones y expectativas iniciales.

Desde muy pequeña, Luna mostró interés por el arte, influenciada por su madre, quien es profesora de teatro. Comenzó su formación en ballet y flamenco desde los cuatro años, pero fue con la danza contemporánea donde encontró su verdadera pasión. A pesar de su dedicación y formación académica en el Instituto Universitario Patagónico de las Artes, hasta ese momento no creía que pudiera vivir de su arte como bailarina profesional.

El desenlace de su historia cambió a finales de marzo, cuando supo del llamado a casting del Circo Rodas. Con determinación, Luna envió su currículum y un video de audición, y, a pesar de carecer del equipo adecuado, como los zapatos de jazz, logró impresionar a los directores. Su actitud y la necesidad de no dejar pasar esa oportunidad la llevaron a obtener el rol deseado, convirtiéndose en parte del espectáculo que viaja por Argentina.

La vida en un tráiler, junto a otra bailarina, representa una nueva experiencia para Luna, quien se adapta a un estilo de vida itinerante que incluye ensayos diarios, funciones, y una constante interacción con la incertidumbre. A pesar de las dificultades, comparte cómo esta nueva etapa la hace sentir viva y le permite cumplir un sueño que había relegado a un segundo plano, el de bailar ante un público.

Luna relata que la trayectoria de su vida como estudiante de danza parecía marcada, con un futuro estable como docente, pero la vida le presentó una chance de improvisar, similar a una danza contemporánea, y se lanzó a esta aventura circense. No solo está recibiendo formación continua en un entorno de trabajo, sino que también está redescubriendo su amor por el baile y por la actuación desde una perspectiva completamente diferente.

Con la agenda llena de funciones, ahora se pregunta sobre el impacto que esta experiencia tendrá en su desarrollo artístico a largo plazo. Para ella, esta aventura en el Circo Rodas no solo es un trabajo, sino también una oportunidad para crecer como artista y persona, y su historia resuena con muchos jóvenes en el Alto Valle que buscan seguir sus pasiones más allá de las expectativas.

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