La inteligencia artificial transforma la política con actores sintéticos
La inteligencia artificial ha revolucionado la comunicación política, permitiendo la creación de actores sintéticos que simulan ser personalidades reales. Esto plantea nuevos retos en términos de desinformación y polarización, ya que estas identidades pueden captar audiencias y replicar mensajes sin ser basadas en personas reales.

La inteligencia artificial (IA) ha comenzado a tener un impacto significativo en la política, al facilitar la creación de identidades ficticias que actúan como propagandistas. Estos actores sintéticos, a diferencia de los bots y trolls, cuentan con una biografía construida a medida, lo que les permite interactuar de manera muy natural con el electorado. Según especialistas, esta tecnología no solo genera contenido, sino que también fabrica la figura del comunicador, añadiendo una nueva dimensión a la comunicación electoral.
Javier Pianta, experto en comunicación política, destacó que los actores políticos sintéticos combinan elementos de diversos fenómenos digitales. Por un lado, son diferentes de los deepfakes, que alteran imágenes o videos de personas reales, y de los bots, que realizan tareas automatizadas en redes sociales. Los actores sintéticos, sin embargo, ofrecen más: crean una identidad completa, con rostro, ideología y seguidores, lo que les permite interactuar con el público y adaptarse a las dinámicas políticas.
Recientemente, se han detectado ejemplos notables que ilustran esta tendencia. En Estados Unidos, un perfil ficticio llamado Jessica Foster amalgama una imagen atractiva de una joven militar que comparte contenido afín a Donald Trump. Este perfil ganó popularidad en redes sociales, aunque al final se reveló que su existencia era completamente fabricada, resaltando la capacidad de la IA para crear figuras influyentes que no son más que ilusiones.
En Argentina, aparece el caso de @Lu_libertaria, que simula ser una joven defensora de las ideas de Javier Milei. A través de publicaciones sobre la economía y la vida cotidiana, esta identidad ha logrado atraer a un considerable número de seguidores. Como en el caso estadounidense, se trata de un personaje creado por IA que interactúa en el contexto político actual, amplificando mensajes ideológicos relevantes para ciertos segmentos del electorado.
Los desafíos que plantea la existencia de estos actores sintéticos son importantes. Al combinarse con técnicas como los deepfakes y la automatización a través de bots, se corre el riesgo de fomentar la desinformación y la polarización en la opinión pública. La IA se convierte así en una herramienta de doble filo: no solo produce mensajes, sino que modela la percepción social y política al producir figuras que son indistinguibles de las reales para muchos usuarios.
Ante esta nueva realidad, expertos y académicos sugieren la necesidad de desarrollar normativas y estrategias que regulen el uso de la IA en la política. Es fundamental concientizar sobre la existencia de estos actores sintéticos y su potencial para influir en el comportamiento electoral, ya que la política no solo se construye a partir de los mensajes, sino también por la credibilidad de quienes los envían. En un entorno donde las fronteras entre realidad y ficción se desdibujan, manejar con prudencia el uso de la tecnología se vuelve imperativo para la salud democrática.