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La intuición de una mujer clave en el hallazgo de un cuerpo en Neuquén

El hallazgo del cuerpo de Mario Andrés Forquera en una chanchería de Neuquén fue posible gracias a la intervención de su expareja, quien sospechó de su inusual ausencia y tomó la iniciativa de denunciar su desaparición. La investigación ha revelado detalles macabros sobre su muerte y ha llevado a la imputación de tres hombres.

Por Rodrigo Ramirez Aburto4 min de lectura
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La intuición de una mujer clave en el hallazgo de un cuerpo en Neuquén

La reciente muerte violentamente acaecida de Mario Andrés Forquera, de 46 años, ha conmocionado al Alto Valle de Neuquén, no solo por la brutalidad del crimen sino también por las circunstancias que rodearon su descubrimiento. Según la acusación fiscal, Forquera fue desnudado, atado, y luego enfrentó el cañón de una escopeta antes de ser arrojado a una chanchería donde fue devorado por cerdos. Este macabro suceso ha llevado a tres hombres a ser imputados por homicidio: Ricardo Cuevas, Diego Zalazar y Daniel Di Lena.

El caso tomó un giro significativo gracias a la intervención activa de la expareja de Forquera, quien mostró una notable determinación. La mujer se alarmó cuando, al no recibir comunicación de Mario durante el cumpleaños de uno de sus hijos el 7 de julio, comenzó a sospechar que algo no estaba bien. Esta preocupación fue aún más intensa dado que Mario había estado en contacto habitual con la familia hasta el 4 de julio, fecha en la que informó que su teléfono estaba a punto de apagarse y que no podría llegar a tiempo a su casa.

Impulsada por su inquietud, el 8 de julio la expareja decidió denunciar la desaparición de Forquera en la Comisaría 2ª de Neuquén. A partir de esa fecha, su investigación personal la llevó a contactar al sobrino del desaparecido, quien no tenía noticias de él, y también a investigar en redes sociales para localizar a Ricardo Cuevas, un amigo cercano de Forquera, quien supuestamente lo había visto en una chacra de Senillosa, un trabajo que finalmente daría frutos.

El 13 de julio, la mujer se presentó en la propiedad de Cuevas en el Parque Industrial de Senillosa, donde lo confrontó directamente. En ese momento, Cuevas cambió su relato respecto a su última interacción con Forquera, lo que fue clave para que la fiscalía pudiera añadir otra pieza al rompecabezas. En un primer momento, había declarado que no veía a Forquera desde hacía dos años, contradiciéndose luego con su afirmación de haberlo visto diez días antes.

Este caso es emblemático porque muestra cómo la intervención de una persona cercana puede marcar la diferencia en una investigación criminal. Sin la inquietud y la determinación de la expareja de Forquera, es posible que el crimen hubiera permanecido en la oscuridad por más tiempo. El avance de la investigación resalta la importancia de la colaboración entre la comunidad y las fuerzas judiciales para resolver casos complejos y al mismo tiempo evidencia la brutalidad del crimen en la región.

A medida que el caso avanza, la fiscalía sigue trabajando en los detalles y en la recopilación de pruebas que podrían llevar a un juicio por el impactante homicidio, que ha dejado a la comunidad de Neuquén atónita y preocupada por la seguridad en la zona.

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