La lucha de productores locales en el Alto Valle ante la industria petrolera
En Allen, Río Negro, productores como Julio Ortega enfrentan los retos que presenta la industria petrolera en una región tradicionalmente frutal. La competencia por recursos y mano de obra ha llevado a algunos a diversificar su actividad hacia la agricultura, como la producción de maíz.

En la región del Alto Valle de Río Negro, la familia Ortega se ha adaptado a la creciente competencia de la industria del petróleo y el gas que domina el paisaje local. A solo 200 metros de su chacra, se sitúan varios pozos de extracción de hidrocarburos. A pesar de esta cercanía, Julio Ortega decidió hace casi 20 años centrar su actividad en la producción de maíz bajo riego, el cual convierte posteriormente en carne, buscando así una alternativa viable a la agricultura frutal que hace tiempo enfrenta crisis.
La chacra de los Ortega tiene una historia familiar que se remonta a la llegada de sus abuelos desde España. Con esfuerzo, empezaron con un terreno que transformaron en cultivo. A lo largo del tiempo, la región se especializó en la producción de frutas como peras y manzanas, pero la falta de mano de obra y el avance del sector petrolero han impactado negativamente en esta tradición agrícola. Ortega señala que la reducción de trabajadores agrarios se ha acentuado debido a la preferencia por empleos en la industria del petróleo, que ofrece salarios más altos.
El crecimiento del sector petrolero ha modificado el panorama laboral, ya que muchos choferes y operarios eligen trabajar en este ámbito, dejando desprovistas las chacras que antiguamente eran muy productivas. Ortega, quien también tuvo un negocio de transporte con camiones, se vio obligado a cambiar de rubro tras la crisis de 2001 y posteriormente enfrentó constantes desafíos por la competencia del petróleo. Su experiencia le permite concluir que las compensaciones económicas por ceder tierras a la extracción de recursos son mínimas y no justifican el sacrificio de su herencia familiar.
A medida que la fruticultura sigue decayendo, las nuevas generaciones tienden a abandonar el campo en búsqueda de mejores oportunidades en la industria y la educación superior, dejando atrás superficies de cultivo que solían ser productivas. Ante este cambio generacional, Ortega ha implementado innovaciones en su explotación, añadiendo servicios agrícolas y buscando eficiencia.
La decisión de enfocarse en la agricultura, lejos de la extracción de hidrocarburos, es también un acto de resistencia cultural y económica. La dependencia laboral del petróleo en la región plantea un reto significativo para quienes aún desean mantener vivas las tradiciones agrícolas. En este contexto, la lucha por conservar la producción frutal y ganadera se posiciona como un desafío ante un futuro donde la explotación de recursos naturales continúa ganando terreno.
Los próximos pasos para los productores locales incluirán el desarrollo de estrategias de comercialización directa para sus productos, buscando así mejorar su rentabilidad y asegurar un lugar en un mercado dominado por la presión del sector energético.